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LA COLUMNA > POR MANUEL IGLESIAS

El sonoro cabreo por la capitalidad

   

La designación de una ciudad española como Capital Europea de la Cultura ha finalizado de una manera imprevista, ya que el concurso ha dejado tras de sí no sólo la natural decepción de quienes no han sido elegidos, sino el sonoro cabreo por los, al parecer, criterios políticos algo extraños que han influido, dicen, en la decisión de otorgar el título a San Sebastián, en Guipúzcoa, con gobierno de los independentistas de Bildu.

Seguramente el tema se agudizó por unas desafortunadas palabras del presidente del comité de selección, Manfred Gaulhofer, al término de la última sesión, cuando indicó que se trataba de una contribución al proceso de paz, Obviamente, puede ser una expresión de buena voluntad, pero entre los requisitos que se le pedían a las ciudades candidatas, entre las que se encontraba Las Palmas de Gran Canaria, no aparecían conceptos de valoración como éstos, que, al final, parece que sí han pesado.

Hay quienes propugnan la impugnación de la decisión, como Zaragoza y Córdoba, paradójicamente, con autoridades socialistas y por tanto cercanas al Gobierno, cuyo Ministerio de Cultura ha sido el organismo que ha tutelado el proceso. Tan sorprendente es el espectáculo que una de las personas que ha expresado más indignación es la exalcaldesa de Córdoba y actual ministra de Medio Ambiente, Rosa Aguilar, que ha arremetido públicamente contra la decisión del comité por “esgrimir un argumento político en su análisis”. Asimismo, el exministro y alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, amenaza con los tribunales y pide al Ministerio que devuelva el informe del jurado para que vuelva a tomar una decisión.
Mientras, el alcalde de Burgos, Javier Lacalle (del PP), ha anunciado que hará una “petición formal” de información y explicaciones para que se concreten los motivos de la elección.

En Las Palmas de Gran Canaria hay enfado, pero también aportan algo de sentido común al renunciar a las impugnaciones. Propugna el alcalde, Juan José Cardona, del PP, aceptar el fallo aunque se considere injusto y “seguir trabajando” en el proyecto y aprovechar de éste lo que se pueda. Parece una postura inteligente, porque, si las reacciones de los otros tienen algún efecto, supuestamente Las Palmas de Gran Canaria se puede beneficiar de estar de nuevo en liza sin necesidad de significarse ahora en un asunto incómodo, atacando a San Sebastián, donde se está produciendo también un sentimiento de agravio que termina por calentar más todo. Además de que, se comenta en voz baja, algunos ya han conocido de forma “clandestina” que Las Palmas de Gran Canaria no es la propuesta alternativa a San Sebastián y, en esta pelea, de haber cambios estos beneficiarían a un tercero y no a la población grancanaria, lo que quita bastante las ganas de hacer el esfuerzo de protestar.

Lo notable es que todo se hará en San Sebastián sin la bandera de España en el Ayuntamiento y sin la imagen del Rey del país en que está la Capital Europea de la Cultura. Somos así.