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El teatro en mayúsculas

   

Dentro de unos meses se estrena en Galicia una de las obras de Antonio Tabares sobre Zweig. | DA

DAVID SANZ | Santa Cruz de La Palma

Eso que llaman el “mundo de la cultura” está salpicado de poses, divismos o esnobs que se creen tocados por las musas y habitan mundos paralelos, donde grandes dosis de soberbia se camuflan bajo el halo de una presunta bohemia. En raras ocasiones surgen personalidades que representan el lado más sencillo, humano y, por tanto, auténtico de la cultura. Este es, sin duda, el caso de Antonio Tabares (Santa Cruz de La Palma, 1973), cuya escritura teatral acaba de recibir un nuevo reconocimiento, con el prestigioso premio de teatro Tirso de Molina, por su obra La punta del Iceberg.

Un trabajo que se inspira en la ola de suicidios que se produjo en Francia tras el despido de empleados de grandes empresas como Renault. De nuevo el suicidio, como en su anterior trabajo, Una hora en la vida de Stefan Zweig. “No tengo ningún tipo de predilección por este tema, pero se trata de una situación de conflicto llevado al extremo y que pone al individuo en la tesitura de o todo o nada. No deja de ser un tema que desconcierta y como todo lo que te deja perplejo es lo que te lleva a escribir”.

Más allá de la historia de la obra y el galardón, en la intrahistoria del escritor hay una satisfacción particular. “Es la primera vez que escribo una obra íntegramente en La Palma”. “Muchas veces me he hecho la pregunta si desde aquí se puede desarrollar una carrera creativa, si no en igualdad de condiciones, al menos con posibilidades de trascender de lo local”.

La respuesta se la ha dado el paso del tiempo y el esfuerzo silencioso de varios años de trabajo. “Escribir es un trabajo muy solitario, que te llena de inseguridades. Hay días que estás muy satisfecho con una escena, que lees al día siguiente y te dan ganas de quemarla”, comenta Tabares.

Tabares recuerda aquella cita bíblica del Eclesiastés, “hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar”, para expresar su actual situación vital. “Ahora estoy viviendo unos meses de recogida, después de dos años de trabajo callado”. Porque además de este premio, uno de los principales en el mundo teatral, en septiembre se estrenará en Galicia su obra sobre Stefan Zweig. A ello se suma la Biblioteca de Teatro Antonio Abdo, que puso en marcha y dinamiza junto con Víctor Hernández Correa.

Una biblioteca casi contracorriente, ya que se trata de un género que, como reconoce Tabares, está más huérfano de lectores que el de la poesía. “Se da la paradoja incluso que la gente de teatro lee poco teatro”, comenta. No obstante, la Biblioteca Antonio Abdo no sólo está concebida para la lectura o el préstamo de libros de esta naturaleza, sino “más como un espacio donde haya actuaciones, donde actores como Galiardo charlen con el público o el premio de escritura que acabamos de fallar”. “Si de paso conseguimos que alguien se lleve algún libro y se aficione a leer teatro, mejor que mejor”.

Pese a la escasez de lectores de teatro, Tabares no se ve en otro género. “Es una necesidad vital que requiere mucho esfuerzo”. El dramaturgo explicó que cuando escribe no piensa en la la representación de la obra. “Pienso en la vida, pero no necesariamente en un escenario. A veces pienso incluso cinematográficamente”.

“Lo que sí me gusta tener en cuenta es la musicalidad de los diálogos, el ritmo, el sentido musical de los textos y su sentido colectivo. Tú haces una propuesta que los demás, generalmente, enriquece”, concluye.