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LA COLUMNA > POR MANUEL IGLESIAS

Entre el populismo y lo trascendente

   

El presidente del PP Mariano Rajoy, ha presentado esta semana un paquete de medidas para el caso de que llegue al Gobierno en las próximas elecciones generales y por el momento señala que se aplicarán en aquellos Ejecutivos que gobiernen a nivel autonómico, limitando el número de consejerías, de altos cargos y el parque de coches oficiales.
Es importante escenificar un modelo de austeridad, pero tampoco se puede dejar a un lado la percepción de que se trata, en algunos casos, de planteamientos de una gran simpleza y que se mueven más en el mundo del populismo barato, que del rigor que cabe esperar.

Está bien quitar coches oficiales, pero aquí da la impresión de que se hace más por el impulso tan hispano de hacer bajar del auto a quien va en él “y que camine, como todo el mundo”, que por una racionalidad en la acción. El uso de un coche oficial se rige por la necesidad. Si no la hay, bien está que se elimine, pero si ese requerimiento existe por el mejor servicio a la función que se tiene encomendada, el vehículo es un instrumento, no un lujo, y si su carencia o reducción conlleva un perjuicio en el trabajo a desarrollar, en lugar de avanzar en la austeridad, lo que hay es un daño por ineficacia.

¿Cómo se puede comparar el tema de los coches oficiales con el de la economía sumergida?

Ya se sabe que decir estas cosas no es popular. Lo que conviene hacer es sumarse a esa corriente populista y dar caña, pero un poco de sentido común deberíamos poner en todas las cosas, porque, por ejemplo, si los coches oficiales se reducen a la mitad, algo habrá que hacer con sus conductores, porque no parece probable que al final sean las víctimas reales de la demagogia y paguen con su despido. Se puede pensar en que se trasladen a otro servicio, donde no se sabe siquiera si son necesarios, pero los sueldos hay que seguirlos pagando. ¿Dónde está el ahorro entonces?

Lo peor es que con estos fuegos de artificio que distraen a los ciudadanos y que parece que le dan un aire de eficacia y seriedad a la gestión, no se habla de aquello que es más trascendente o importante. ¿Cómo se puede comparar el tema de los coches oficiales con el dato dado a conocer en estos días de que la economía sumergida representa casi el 24 por ciento del Producto Interior Bruto español? Lo que tiene que decirnos Rajoy es qué se va a hacer para sacar a la luz esa masa económica, la cuarta parte del PIB. O cuál es el texto que tiene el PP para una reforma laboral que resulta imprescindible. No hablarlo, sino ponerlo en letras negras sobre papel blanco, para saber de qué va. Decirnos cuáles son los aspectos concretos que proponen, para que los ciudadanos los podamos analizar y de cómo, salvar a España en general, recae en sus efectos, en particular, sobre las espaldas del trabajador despedido y que se propone para aliviarlo.

Después de tantos meses en que Mariano Rajoy estuvo sin ruedas de prensa nacionales, bien merecía la atención cuestiones mucho, mucho más trascendentes que el coche oficial.