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LA COLUMNA > MANUEL IGLESIAS

Errores inútiles e impudicia política

   

Un error es una acción equivocada y todos hemos caído alguna vez en ello, sólo que suele ocurrir de manera no buscada. Fallamos, pero no con intención de hacerlo, sino, como se suele decir, porque así vinieron las cosas.

Pero la sabiduría popular hace distingos en eso de errar según la manera, y ha acuñado la frase de que “el peor error es el error innecesario”. Es decir, que hay cosas que nos llevan a actuar sin acierto, aunque queríamos hacerlo de otra manera, pero que salió mal. Pero se ve más deplorable la acción cuando no hay necesidad alguna de hacer nada y en cambio se realiza, sin justificación inicial para el yerro final.

Esto parece haber sucedido con la propuesta del presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, para eliminar una de las tres sesiones de los plenos y dejarlas sólo en dos. Probablemente tenga razones de funcionamiento, con la idea de que los plenos de los jueves, reservados para discutir y votar iniciativas legislativas, se pasaran a los miércoles por la tarde con el fin de liberar ese día para reuniones de las comisiones parlamentarias, pero, con lo que está cayendo, la impresión que llega a la calle es que los diputados lo que quieren es trabajar menos y, si es posible, cobrar más, que, si bien es aspiración general, planteada desde la clase política suena muy mal.

Es la desaparición de la ‘estética del comportamiento’ del poder ante los ciudadanos

Al final lo han dejado solo hasta los que, dicen, estaban detrás de la iniciativa. La dirección del PSOE ha subrayado ayer su oposición a la propuesta. Pero en los mentideros políticos y especialmente desde las filas del PP, se sostiene que la reducción buscaba en realidad disminuir los plenos en los que debe estar Alfredo Pérez Rubalcaba y que así el candidato socialista tuviera un día más para dedicar a la campaña del partido.

Será o no verdad o sólo resultaría una ventaja no buscada para quien tiene tantos compromisos parlamentarios como vicepresidente del Go-bierno y ministro del Interior, pero lo cierto es que es una forma de verlo y estas cosas sientan muy mal entre los ciudadanos. Sea por lo que sea, ha resultado un error de José Bono, en los actuales momentos de crisis del prestigio político en el país. Todo lo que lleva es a la impresión de que existe una clase política perpetuada que maneja las instituciones como una propiedad personal o corporativa, en la que se pueden tomar las decisiones sin que importe demasiado la opinión general. Hay una carencia de pudor político al hacer ciertas cosas, sin tener en cuenta la consideración que tengan los ciudadanos de lo que se efectúa. No parece que al menos tengan la sensación de ejecutar comportamientos mal vistos, ni siquiera por ese concepto de que “hay cosas que no se hacen” pese a no estar prohibidas. Es la desaparición de la estética del comportamiento que debería ejercer el poder ante los administrados.