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POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ >

Errores

   

Creo que los activistas del 15-M se están equivocando. No es un irreparable todavía, pero sí un error que abre caminos a otros y, finalmente, al fracaso inesperado y la disgregación melancólica. La concentración frente al Congreso de los Diputados ha sido una tumultuosa estupidez. “O entramos o acampamos”, coreaban varias cientos de personas, y a mí no me tiemblan los cuajos democráticos, pero me pregunto para qué infiernos quieres entrar en el Congreso de los Diputados a medianoche. Los escaños son bastante incómodos, el bar está cerrado y ahí, entre alfombras y damasquinados, un movimiento social no tiene absolutamente nada que hacer. Los activistas están fascinados consigo mismos y con su propio éxito de convocatoria y por eso -por ese pujo de narcisismo encantado de haberse conocido- no terminan de disolverse las acampadas en Madrid o en Barcelona, en Las Palmas o en Santa Cruz de Tenerife. Si quieres dejar claro la progresiva y alarmante inanidad de la democracia representativa no te la tomes tan en serio simbólica y monumentalmente como para desgañitarte frente a los leones de bronce de la Carrera de San Jerónimo. Por lo demás no deberían olvidar lo que transmitió el profesor Vicens Navarro en su carta de adhesión: “Nos ha costado sangre, sudor y lágrimas llegar a tener la poca democracia que tenemos”. Berrear que las Cortes están llenas de chorizos quizás no sea del todo vituperable, pero desde luego no se atiene a la realidad, como no fortalece la construcción de una democracia más amplia y participativa una derogación anocturnada y vocinglera de las asambleas parlamentarias. Los que tenemos edad para recordar a un teniente de la Guardia Civil secuestrando al Gobierno y al pleno de los diputados a balazo limpio, y anunciando la llegada de una nueva autoridad, militar, por supuesto, lo sabemos muy bien. No será sobre las ruinas de la democracia parlamentaria donde se articule la superación de una cultura ciudadana anémica, consensual y despolitizada. El éxito de los convocantes de la manifestación, y de los acampados en toda España, tuvo su clave organizativa en la inmediatez y la complicidad que ofreció un soporte como internet y las redes sociales. Pues bien: a través de una tecnología del siglo XXI los activistas están empecinados en una agenda de acciones de hace cuarenta años. De acuerdo: nada de convertirse en partido político. Pero sí deben instucionalizarse y ampliar su base social y deliberativa asumiendo pacientemente la modestia de una micropolítica que tardará años en dar sus frutos.