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POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ >

Fábula

   

En un país muy sorprendentemente lejano, sobre todo lejano de sí mismo, vivía un rey en un castillo con el que cada cuatro años debía renovarse el contrato de alquiler. El rey era universalmente admirado por su sabiduría, su prudencia y su valor, pero hete aquí, como dirían Marcabrú o Juan José Millás, que un día, muy cercano a la revisión del arrendamiento, los más fieles cortesanos del monarca se acercaron reverentemente al trono y le expusieron un peliagudo problema:

-Majestad…

-¿Qué tengo hoy en la agenda?

-La clausura de la XXXIV Convención Internacional de Artesanos del Porrón, Majestad…

-¿Y cómo va la producción de porrones autóctonos?

-No levanta cabeza, Majestad…

-No hay que preocuparse. El turismo tirará de nuestra industria del porrón. Todo consiste en que cada turista se lleve dos o tres (porrones a casa y asunto arreglado…). Dentro de unos meses no vamos a tener porrones suficientes para tanto turista… Apunta el lema, juglar: “Los turistas, a porrones”. ¿Qué les parece? Que diseñen unas vallas inmediatamente.

-La clarividencia de Su Majestad engrandece al Reino y nos empequeñece a todos… Sin embargo, ha ocurrido algo…

-Reposa la angustia en tu ancho corazón, mi buen Fernando, y confíale tus cuitas a tu Rey y señor…

-Majestad, ¿recordáis el concurso de flautistas?

-Huuum. ¿Pretendes insinuar que me olvido de algo?

-Es una forma retórica que nos enseñan en el Quadrivium, Majestad… Ejem… Tenemos dificultades con el concurso… Ya sabéis, no hay flautas para todos, y es tan difícil ser justo y ecuánime…

-¿Y dónde está el problema? ¿Es menester ser el gran Aristóteles para decidir en materia de flautas? Elegid las que mejor suenen.

-¿Las que mejor suenen? Es asunto de gran variedad de gustos…

-Las que mejor suenen donde han de sonar. La delicada y sutil música de maese Conchito, la transparencia de las melodías de Jaume Écorce, la belleza de los cantos gregorianos de Lacop… ¿No está lo bastante claro?

- Por supuesto, Señor. ¿Y los pequeños?

-Que se presenten el año que viene al Concurso de Armónicas… ¿Algo más?

- ¿Y el Soso Carlos?

- Entregadle un flautín. En toda orquesta que se precie es menester alguien que desafine.