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POR JUAN HENRÍQUEZ >

Gutavo Matos: honestidad

   

Para una cualificada mayoría de ciudadanos, la decisión de Gustavo Matos, candidato a la alcaldía de La Laguna por el PSOE en las pasadas elecciones, de renunciar al acta de concejal cumpliendo un contrato que adquirió con los laguneros y laguneras, de no pactar un gobierno municipal con Coalición Canaria, es, cuando menos, un gesto de honestidad política que le honra. Por supuesto, en el marco de la convulsión y descrédito de la política, la decisión de Gustavo introduce una bocanada de aire fresco en la denostada democracia. Sin embargo los peros no se han hecho esperar.

Disiento de la exposición de Juan Manuel Bethencourt, al cual aprovecho para felicitarlo por su designación como concejal y desearle éxito en su gestión municipal, que limita, decía Juanma, la decisión de Gustavo Matos a “la consecuencia de un fracaso electoral”, y otros endebles juicios de valor que nada tienen que ver con una irrebatible realidad: coherencia política. Y mucho menos estoy de acuerdo en que la actitud de Gustavo Matos haya sido un “mal servicio” a los ciudadanos. Déjame, mí querido y respetado amigo Bethencourt, que te haga, en calidad de buen periodista, una pregunta: ¿de qué estaríamos hablando si Gustavo Matos hubiera aceptado entrar en el pacto municipal CC-PSOE de La Laguna? Tú sabes mejor que nadie, que el linchamiento mediático estaba garantizado, de hecho, algunos medios de comunicación lanzaron la interrogante sobre lo que haría Gustavo ante un hipotético acuerdo entre nacionalistas y socialistas en la Corporación lagunera.

Ahí está la respuesta. ¡Pero cuidado!, recrimino a Gustavo Matos los insultos-descalificaciones que en lo personal ha empleado contra Juanma, me parece que se ha pasado tres pueblos.

Una de las reivindicaciones más defendida por la revolución de los indignados, a los que envío un mensaje de apoyo, al mismo tiempo que les sugiero mesura en la estrategia, medición de los tiempos y las fuerzas, es precisamente las promesas incumplidas de los políticos. Y el colmo es que por una vez que encontramos un candidato que cumple la palabra dada a los ciudadanos, se forma una especie de sindicato profesional de políticos frente a lo que consideran una estafa electoral, cuando, por el contrario, debería cundir el ejemplo dado por Gustavo Matos.

Ahora, los sofistas plastificados de turno, elevan el compromiso de Gustavo Matos al ámbito regional, echándole en cara un hipotético cargo en el futuro Gobierno canario.
No seamos hipócritas, por favor. Queda claro que el compromiso de Gustavo Matos durante la campaña electoral fue determinante: “no formaría parte de un gobierno local con Coalición Canaria”.

Por consiguiente, éste joven y prometedor político, que ha dado toda una lección de honestidad política, está en pleno de derecho de aceptar cualquier otra responsabilidad que le solicite el partido, bien en el ámbito canario, o, por qué no, candidato a diputado en las próximas generales. Al menos no creo que se atreva nadie a dudar de la honradez y formación de éste ejemplar político. ¡Salud, y suerte!