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POR PETENERAS > POR RAFAEL ALONSO SOLÍS

La agenda

   

Al lado de los contenidos específicos de los movimientos sociales, el cambio en el humor de los dioses y los temblores de tierra, está la música de fondo que interpreta la orquesta. Cada acontecimiento tiene su analista, y cada analista su estilo, su interés y su filiación. Resulta muy difícil abstraerse de la opinión del grupo con el que se comparte el almuerzo, el sermón del domingo o el viento que sopla a ambos lados de la cama. Ante la indignación de los ciudadanos, la reacción de los grupos políticos con cartas en la partida ha tenido en común el jaleo agradecido, interpretando que el acusado era el otro, que la corrupción denunciada formaba parte de los genes del vecino, y que el necio adormecimiento al que les ha llevado la profesionalización solo era obvio en la tribu de enfrente. Algunos, incluso, hasta se han atrevido a afirmar con petulancia que ya lo decían ellos. Ahora nos enfrentamos a una situación que no estaba escrita en el guión. Un colectivo inmenso y complejo -como es un país, como es el planeta- debe gobernarse mediante un delicado y eficaz sistema de control, y eso está necesariamente alejado de los vaivenes de la asamblea permanente. Pretender otra cosa constituiría una ingenuidad que llevaría, en muy poco tiempo, a anular cualquier posibilidad de cambio y a dejar que el movimiento se extinguiese por efectos de la inacción y la fatiga. Sin embargo, la fuerza de la indignación -real, justificada y sin respuesta- tiene capacidad suficiente para seleccionar las semillas, sembrarlas en el terreno adecuado y aprender a proteger su crecimiento y estimular su floración. Por otra parte, los avances tecnológicos permiten una difusión de las ideas que resultaba impensable hace tan solo un rato. Habrá que ir aceptando que la complejidad de los problemas a los que se enfrenta la humanidad en peligro requiere soluciones también complejas, inteligentes y, seguramente, innovadoras, en el mejor sentido de la palabra. Los desastres causados directamente por los seres humanos o inducidos por inhibición, la injusta distribución de la riqueza, la sombra de Hiroshima, el uso de la violencia y el terror para la resolución de los conflictos, la persecución de las ideas o la persistencia del modelo mafioso -es decir, la brutal división entre los demás y los nuestros- en todos los ámbitos de la sociedad, son solo una tímida relación de temas para la agenda.