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POR TINERFE FUMERO >

La columna Churchill

   

Al mes, la degeneración
Sin mayor mérito que el de poner rostro al creciente rechazo popular ante la evidente espiral de decadencia en el normal funcionamiento de las democracias occidentales y, por ende, del modo de vida de sus ciudadanos, el llamado Movimiento del 15-M ha tardado un mes en protagonizar (a su pesar) un serio atentado a las libertades públicas con los ataques de ayer a los diputados autonómicos catalanes.

Un buen caldo de cultivo
Reiterado el más frontal rechazo a este tipo de sucesos, bueno es recordar que los mayores ataques a la democracia catalana los han protagonizado sus propios diputados. Sirva como sonrojante recuerdo el ignominioso -¡y tan propio del cainismo español!- Pacto del Tinell, un compromiso de todas las fuerzas políticas para no pactar con otra, el PP, a pesar de tratarse de un partido tan respetuoso de la legalidad como cualquier otro. También es memorable aquella entrevista del entonces president en funciones Josep María Carod Rovira con la cúpula de ETA, o el reciente desprecio al resto del país con la elaboración de unos presupuestos que incumplen los objetivos para reducir déficit.

En Canarias, parecido
En las Islas también sonroja el recuerdo de algunas conductas lamentables por parte de nuestra clase política. La injusta expropiación de los edificios anexos y consiguiente despilfarro del erario quedó sin responsabilidad política, por no hablar del penoso cierre de la comisión del caso eólico (¡acabaron echándole la culpa al denunciante!) o el desprecio a las más de 40.000 firmas que solicitaban debatir sobre el puerto de Granadilla. El listado es enorme, pero su recuerdo es necesario para evitar confusiones y estimular la autocrítica. Si los cargos públicos no desandan el trecho que los aleja cada vez más de la ciudadanía, ésta alumbrará un salvapatrias que luego lamentaremos todos. Contra el cáncer de la dictadura también es útil la detección temprana de síntomas.