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La hora de la política

   

José Manuel Bermúdez se convierte desde ayer en el cuarto alcalde de Santa Cruz de Tenerife desde la transcición. Como heredero de la labor de Manuel Hermoso, José Emilio García Gómez y Miguel Zerolo, tendrá que lidiar en un mandato muy complicado, por el importante descontento social (desde afectados por el PGO hasta indignados del movimiento 15M), una oposición que se presume feroz y un pacto que demostrará con el paso de los próximos meses qué precio ha tenido que pagar por conservar la joya de la corona de los nacionalistas. Pero la labor de Bermúdez no es la más difícil que ha tenido que afrontar un regidor municipal en Santa Cruz.

La historia reciente de la ciudad está llena de situaciones insólitas. Si ahora Bermúdez debe atajar de inmediato la muerte en plena calle de personas sin hogar, Hermoso se encontró con la mayor parte de los barrios que carecían de saneamiento, asfaltado, iluminación, espacios públicos y deportivos. Si ahora Bermúdez creer estar atrapado en un mar de deudas que ahogan a la administración hasta el filo de la quiebra, García Gómez afrontó unas arcas sólo habitadas por telas de araña y supo, con creatividad, rentabilizar hasta el Carnaval. Si la tramitación del PGO puede ser uno de los grandes asuntos que enfrente al pacto municipal, Zerolo buscó soluciones a la expansión de la ciudad por Cabo Llanos y Barranco de Santos y canalizó muchos de los barrancos tras la lección del 11M. No es esta la época más difícil de la ciudad, pero sí una oportunidad para practicar política con mayúsculas, aquella que tiende la mano y no clava puñales, la del entendimiento, en vez de los insultos, la de lealtades sin traiciones palaciegas, la del trabajo en el bien común, no en interés propio. No es una labor sencilla la que comineza ahora José Manuel Bermúdez. Hay tantas posibilidades de éxito como de fracaso.

El primer paso ya se ha dado reduciendo de 18 a 10 las concejalías y un 50% de asesores. A su favor, un equipo de expertos y la experiencia de concejales con amplio respaldo popular (como Hilario Rodríguez) y, a su lado, un socio leal, inteligente y respetado por la sociedad tinerfeña, como el abogado y exsecretario de Estado de Justicia Julio Pérez. Asume una macro área (economía, competitividad, comercio, turismo, medio ambiente, sociedad de desarrollo y asuntos internos), además de servicios sociales, cultura, juventud, deportes y urbanismo, la cartera más caliente en estos momentos con varios fuegos al rojo vivo (PGO, Teresitas, Mamotreto, …).

En contra, una administración a la que hay darle la vuelta como un calcetín y mucho trabajo por delante. Su suerte será la de todos los chicharreros.

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El peso de los palmeros

¿Qué lección cabe extraer del incumplimiento del pacto CC-PSOE en La Palma? De una sola jugada, socialistas y populares han laminado el poder de CC en una de las islas pilares para los nacionalistas. Se trata de una jugada política sin precedentes (que no ilegal) sobre el que deberán refexionar tanto sus protagonistas como víctimas. Entre los primeros, un PP ávido de poder absoluto, que no discrimina a quién da la mano con tal de gobernar, y un PSOE indisciplinado con Ferraz, con la Regional, e incluso, contra los criterios de su propio secretario insular. Enfrente, una Coalición Canaria en estado de shock, carente de mayorías absolutas y que no entiende por qué el PSOE ha despreciado la oferta de apoyarse unos y otros a la lista más votada. El PSOE ya ha abierto expediente de expulsión a los pactistas con el PP (queda saber si aplicará la misma dureza con los socialistas, algunos históricos, que han cerrado acuerdos con los populares, por ejemplo en Tenerife). CC anuncia expedientes a concejales que han dado la espalda al PSOE en otras islas, como Gran Canaria y Lanzarote. Lo ocurrido en La Palma y El Hierro puede tener consecuencias en un pacto regional que, por su naturaleza, está condenado a vivir en tensión permanente. Queda comprobar el peso de los nacionalistas palmeros en el Gobierno de Paulino Rivero. Soria, mientras tanto, acecha.
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