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LA COLUMNA > POR MANUEL IGLESIAS

La maquinaria de los queretanos

   

Hace unos años comenzaron a popularizarse los concursos en los que los espectadores, a través de sus llamadas (de pago, porque ese es el negocio de los organizadores) escogen a un participante para no ser eliminado del certamen o para ganar en algún aspecto del mismo.

Se supone que se trata de que el público exprese su opinión y de que venza en tal contienda el favorito de la gente común. Pero esa es la teoría. En la práctica, intervienen a veces inesperados patriotismos locales y patrocinios que trastocan las mejores intencione. Así se montan mecanismos para que hagan cientos, miles de llamadas, que acumulan puntos a favor de alguien de una manera no fraudulenta, pero si irregular en cuanto al fin, aunque, claro está, los promotores se frotan las manos porque esas llamadas acumuladas pagan todas.

Casos así los hemos tenido incluso con canarios. Por ejemplo con un cantante tinerfeño, con aquel Salvemos a Tony Santos (por cierto, ¿qué ha sido de él?) que organizaron en torno al Ayuntamiento de Granadilla, o el de otra cantante por la que se movilizó el Ayuntamiento de La Laguna en la época de Ana Oramas.

El ejemplo de que no es fácil creer en la seriedad de lo que se afirma en estas cosas, ocurre incluso en las instituciones más serias, como el Instituto Cervantes, y la votación en la que se supone que se escogía la palabra favorita de los hispanohablantes, entre una selección de propuestas de gentes famosas e intelectuales.

Ganó Querétaro. No sé cuantas veces habrá pronunciado el lector esta palabra en su vida, pero se supone que es la favorita estadística de la mayoría, según el concurso, donde existían otras sugerentes como libertad, alegría, verdad, confianza, lealtad, madre, y otras evocadoras como alborada, añoranza, etcétera. Pero fue Querétaro la que ganó.
Lo que sucedió es que el actor un actor nacido allí, Gael García Bernal, propuso Querétaro y muchos habitantes de esa ciudad de México se volcaron en votar a su favor, poniendo en marcha una maquinaria para ganar y lograr una promoción para la localidad.

Lo más notable es que Querétaro ni siquiera está en el diccionario. Se dice que viene de las lenguas precolombinas, pero no existe certeza acerca del origen del término. Una versión indicaría que el significado inicial de la palabra era “isla de las salamandras azules”, pero ¡vaya a usted a saber!, porque también se citan otros. Pasamos de sublimar lo que se dice, a sólo elogiar la sonoridad. Y es que si se trata de votar sólo a lo que mejor nos suena, eso nos quita mucho trabajo de pensar y escoger una idea.

Mas no se crean que los queretanos fueron los únicos en ver posibilidades crematísticas al certamen., Entre las personalidades consultadas ¿cuál creen que fue la palabra propuesta por el presidente del Banco Santander, Emilio Botín? Pues Santander. Aunque es de suponer que “beneficio” tampoco le sonaría mal.