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LA COLUMNA > POR MANUEL IGLESIAS

Las Palmas ganó en la ilusión que puso

   

La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria finalmente no ha sido elegida como Capital Cultural Europea en 2016, lo cual ha producido una gran decepción, tal vez porque, como nos suele suceder en las Islas, la retroalimentación de lo que comienza siendo optimismo y se transforma en vehemencia colectiva nos puede llevar a notables decepciones después. Y no quiero mirar para el Club Deportivo Tenerife y sus campañas propagandísticas.

Finalmente ganó la ciudad de San Sebastián, en Guipúzcoa, que era la gran favorita y, al propio tiempo, se transformó en la gran incógnita de estos últimos meses, por causas políticas. El cambio de gobierno en el Ayuntamiento y el nuevo control por parte de los políticos de Bildu, creaba dudas, lo cual, se decía, podía perjudicarla en este tramo en que se tomaba la decisión definitiva. Y ha sido lo contrario: el jurado ha valorado la lucha por la paz en el País Vasco, como ha apuntado el presidente de éste, Manfred Gaulhofer, lo cual dejó perpleja a la mayoría de los oyentes, que creían que aquí se hablaba de otra cosa.
Las Palmas de Gran Canaria tenía difícil la consolidación de su candidatura, porque se enfrentaba a importantes rivales con unos méritos que no se les puede discutir en cuanto a la historia y en muchos hechos que dan sentido a la dimensión cultural de una población a lo largo del tiempo.

Córdoba, por ejemplo, fue la primera ciudad que se comenzó a movilizar en busca de la capitalidad cultural y desde 2002 inició la tarea de crear un ambiente favorable, mediante el reclamo de adhesiones a su candidatura tanto de personalidades artísticas e intelectuales como ciudadanos de a pie, convocados a través de envíos masivos de correos electrónicos solicitando su firma para el proyecto. Tal fue su intensidad que, incluso muchos personajes de ciudades que posteriormente plantearon su candidatura, ya habían expresado el apoyo que les solicitaba Córdoba.

Zaragoza tenía a su favor, entre otras cosas, la propuesta de sacar partido para las actividades a las infraestructuras creadas para la Expo de 2008, así como su facilidad en las conexiones con Europa, para darle a sus actividades una proyección de ámbito continental.

En cuanto a Burgos, también jugaba a su favor el peso de una ciudad emblemática en la historia y haber presentado uno de los mejores planes estratégicos culturales. La cenicienta era Segovia, que contaba con conocimiento y relevancia histórica, pero era una propuesta floja en infraestructuras. Todas eran especulaciones vanas. Ganó la favorita.
Lo que nadie le puede quitar a Las Palmas de Gran Canaria es la ganancia que representa moverse como un colectivo ilusionado en una idea, en un proyecto, que han gestionado con entusiasmo y un esfuerzo alegre. Al final no pudo ser, pero tienen a su favor lo que han movido hasta ahora, y los proyectos que pueden cuajar en el futuro, aunque no sea como Capital Europea.