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LÍNEAS DE MÁS > POR GERARDO DANIEL SETTECASE

Malvinas, Gibraltar y ONU

   

Por enésima vez, en un conflicto iniciado tras la invasión inglesa de 1833, Argentina y Gran Bretaña vuelven a enfrentarse por las islas Malvinas. Esta vez afortunadamente por vías diplomáticas, como ha sido siempre, excepto la salvajada promovida por el genocida argentino Leopoldo Galtieri en 1982.

Y, por enésima vez, se ha demostrado la absoluta inoperancia de Naciones Unidas (ONU) y su Comité de Descolonización para lograr imponer a uno de sus miembros el cumplimiento de sus resoluciones, cuando ese miembro tiene un peso específico que supera al de los otros más de dos centenares. Inoperancia que ha demostrado también para el caso de Gibraltar, el del Sahara Occidental y el de tantos otros donde, tras intervenir, la ONU sólo logra eternizar la situación. Estos días, Argentina ha logrado por enésima vez que el mencionado Comité de Descolonización de la ONU -como también lo ha hecho antes la Asamblea General- exija a Gran Bretaña que reinicie el diálogo para destrabar la situación.

Y como es habitual en la diplomacia británica, la exigencia, o como quiera usted llamarle, le ha entrado por una oreja y le ha salido por la otra.

Como con Gibraltar; claro ejemplo del absoluto desprecio que tiene Gran Bretaña por el resto de sus socios kelpers de la ONU. (nota del autor: kelpers, gentilicio despectivo con el que en las islas británicas se refieren a los nativos de Malvinas -o Falkland Islands, según la cartografía británica-).

Y es observando el caso Gibraltar donde se advierte más claramente no sólo la inoperancia de la ONU, sino la estéril lucha de Argentina, y la típica diplomacia británica y sus perfiles coloniales del siglo XIX.

Prueba de ello es que ya agotada una década del siglo XXI, integradas España y Gran Bretaña en la Unión Europea, dentro de la que comparten intereses estratégicos en lo político, económico, social y militar-defensivo, entre otros, Londres aún no ha aceptado la lógica e indiscutible devolución de un espacio territorial que legítimamente corresponde a España, más aún cuando inclusive existe una estrecha relación entre ambas familias reales que podría finiquitar el conflicto con un modelo similar, por ejemplo, al de Hong-Kong.

Ante esta realidad entre socios estrechos y estratégicos, pocas son las esperanzas que quedan para Argentina de conseguir que Gran Bretaña se siente a dialogar no sólo de soberanía, sino de compartir lo que la ONU le ha prohibido a esta última, como son los beneficios que actualmente obtiene de la explotación pesquera y en un futuro del petróleo y el gas al tratarse de un territorio en litigio.

gerardoctkc@gmail.com