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Mario Conde: “Que Marruecos despierte debe ser un estímulo, no un temor”

   
Mario Conde

"En España oigo hablar de proyectos de poder y no de proyectos de país". / DA

CARLOS E. RODRÍGUEZ | MADRID

Ofrecerá una conferencia en el Casino de Tenerife, en Santa Cruz, y en El Corte Inglés firmará ejemplares de su último libro, Los días de gloria (editorial Planeta). Mario Conde, a poco de su llegada a la Isla, atendió a DIARIO DE AVISOS.

-¿Cuál es su diagnóstico del momento actual de la economía española y qué conviene hacer para salir de la crisis?

“La crisis no es sólo española. Occidente vive una crisis de sistema, de modelo; no es meramente cíclica. Para salir de ella, lo primero es aceptar esta realidad, no negarla, como ha hecho el Gobierno durante mucho tiempo. Como toda crisis de sistema, no es algo que se arregle en dos días: vamos a necesitar tiempo y esfuerzo, pero sobre todo un proyecto”.

-¿Quién tiene ese proyecto y en qué consiste?

“Si me permite, hablando en términos empresariales, se necesita un plan estratégico de España: definir qué queremos ser en unos años, qué debemos y qué podemos hacer en industria, agricultura, turismo, servicios…, y qué modelo financiero y de relaciones laborales debemos tener para hacerlo realidad. Ese es el plan estratégico imprescindible, que no veo bien definido por ningún sitio. En España oigo hablar de proyectos de poder y no de proyectos de país”.

-¿Quiere decir que los políticos no tienen proyecto de país?

“Quiero decir que, ante todo, los políticos tienen un proyecto de cómo llegar a posiciones de poder y de cómo mantenerse en ellas. Pero no veo que definan claramente qué hacer con España en su conjunto y con sus diversas zonas económicas en particular. No les gusta, en general, el compromiso claro y definido porque piensan en términos de votos. Pero hay momentos en la vida en que las cosas hay que abordarlas con claridad y sin espejismos electorales”.

-¿Por ejemplo?

“La reforma laboral es paradigmática. Los empresarios y los sindicatos no son capaces de ponerse de acuerdo. El Gobierno parece que va a aprobar una legislación que no va a solucionar nada. Sinceramente, no soy capaz de decirle en qué consiste la reforma laboral que haría el PP porque no la conozco… Necesitamos una legislación laboral homologable a los países con los que debemos competir. Y, sin embargo, mientras no se haga, no saldremos de la crisis. Eso lo tenemos claro”.

-¿Por qué no?

“Porque el factor decisivo de esta crisis es el paro, en general, y el juvenil, en particular. Y no crearemos empleo mientras no construyamos empresas rentables y duraderas, y para ello necesitamos empresarios que inviertan, y para ello necesitamos un sistema financiero que financie y una legislación laboral que permite asumir los riesgos lógicos, pero no excesivos. Y en España no tenemos bien organizado ni una cosa ni otra”.

-Pero el Gobierno dice que sí está realizando una reforma del sistema financiero, ¿acaso no está capitalizando las cajas de ahorro?

“Esa no es la reforma financiera que el país necesita. Hemos dejado que la llamada riqueza financiera se imponga a la riqueza real. Hemos marginado al empresario en beneficio de artificiales operaciones financieras. Hay que volver a lo que deben ser los bancos: financiadores de las empresas que crean riqueza. Pero, si no recuperamos ese concepto, no saldremos de ésta, y para ello no basta con leyes, ni con capitalizar las cajas o los bancos. Se necesita un cambio de mentalidad en los que dirigen y en los que controlan las entidades financieras, y eso es mucho más difícil que hacer leyes”.

-Dada su privilegiada situación geográfica, ¿puede Canarias aspirar a ser el Singapur del Atlántico, como alguien ya ha dicho?

“Hace muchos años, cuando el partido UCD estaba en el poder, hablé con el entonces subsecretario de Economía y Hacienda, Arturo Romaní, de un plan para Canarias que iba precisamente en esa dirección. Conocía los sistemas especiales que Occidente daba a sus zonas especiales, como Inglaterra y Holanda, por ejemplo. Allí tuvimos una oportunidad, pero UCD tenía complejo frente a la izquierda y no se atrevió. Hoy es más difícil por las limitaciones que impone la pertenencia a la Unión Europea. Pero hay que pelear por ello. La insularidad reclama normas especiales. Algunas existen, pero seguramente haya que ir más allá”.

-¿Qué modelo económico debe desarrollar Canarias más allá del turismo?

“Obviamente, no puedo definirlo yo, sin más. Ése es el tipo de reflexión que reclamo. Y son los empresarios, los que conocen esa realidad, los que deben tener un plan, y los políticos ejecutarlo atendiendo a esas demandas. Los datos de Canarias son malos. En PIB se encuentra entre los cinco peores de España, junto a Andalucía y Extremadura. La tasa de crecimiento media del PIB entre 2000 y 2010 es del 1,83%. La media española es del 2%. Con eso tiene una idea”.

-¿Es el turismo el responsable de la tasa de paro por la estacionalidad de los puestos de trabajo que crea?

“Uno de los problemas de Canarias reside en su modelo. Por ejemplo, el peso del sector agroalimentario ha pasado del 4,20% en 1995 al 1% en 2010, y el peso del sector industrial ha pasado del 10 al 7%. Esta reducción en estas áreas se ha traducido en que el peso de la construcción pasó del 7 al 12%, y el del sector servicios aumentó del 78 al 80%. Estos datos ponen de manifiesto que el modelo hace a Canarias más vulnerable ante la crisis. En 2011 su caída del PIB fue del 0,8%, parecida a Andalucía y Castilla-La Mancha, que fue del 0,9%. Eso provoca que la tasa de paro, según la EPA de abril 2011, se situé en un enorme 28,52%, la más alta de España junto a Andalucía”.

-¿Qué ha pasado con el sector agroalimentario en Canarias? ¿Por qué decía que perdía peso?

“Así es. Por ejemplo, en 2011 la población ocupada en el sector agrario ha seguido cayendo, a un ritmo enorme: el 10%. Una de las actividades típicas, la exportación de plátanos, ha caído en 2011 ni más ni menos que el 36%. No soy experto ni puedo decir a qué es debido. ¿Se trata de una pérdida de competitividad del sector? ¿Se necesita renovación en tecnología? No lo sé, pero me parece que se debe reflexionar seriamente sobre este asunto, igual que sobre la caída de la actividad industrial: Canarias tuvo industria competitiva. Ahora el peso de la industria en su economía decae. ¿Qué está sucediendo?”.

-Pero eso no es exclusivo de Canarias. Pasa en toda España.

“Así es, pero ahora hablamos de Canarias. En España los datos van en la misma línea. Hubo un tiempo en que los políticos no querían hablar de industrializar el país. Por eso creció sin límites el sistema financiero. Hoy nos damos cuenta de ello. Las zonas de España que menos paro tienen son País Vasco y Navarra, y en ellas el peso de la mano de obra empleada en el sector industrial es el mayor de España. Conviene atender a este dato si queremos hacer una proyección de futuro”.

-Descendiendo a lo concreto en Canarias, ¿es verdad que usted está adquiriendo fincas en las Islas para el cultivo de aloe vera?

“No, desgraciadamente no lo es. Nosotros tenemos una industria que produce productos que consumen aloe vera, que es una sustancia magnífica. Pero somos industriales, no agricultores. Creemos en esta actividad, sin la menor duda, pero aplicamos el principio de que cada uno debe hacer lo que sabe. Por eso no nos metemos en ese cultivo, que reclama tecnología y conocimientos que no tenemos. Por ejemplo, somos productores de aceite en las Islas, y nuestro producto con la marca Carrizos se promociona y vende en las Islas. De eso sabemos…”

-¿Considera que las infraestructuras de Canarias son adecuadas para cumplir ese papel de puente del que antes hablamos?

“Creo que sí, pero hay que estar atentos. Conozco bien lo que está haciendo Marruecos y quiere ese lugar; es decir, puente de productos que vienen del sur hacia el norte. Canarias debe ponerse manos a la obra porque su situación es privilegiada en ese aspecto. Pero tenemos el problema del coste laboral, que Marruecos no tiene. Por eso veo que va a jugar un papel creciente. Insisto, hay que ver lo que hacen unos para competir de manera decidida y clara. El que otros espabilen debe ser un estímulo, no un factor de miedo”.

-En Canarias funciona el llamado sanedrín de Vegueta, que lidera un hombre de la potencia intelectual de Lizardo Martel. ¿Ha tomado ya contacto con los núcleos empresariales del Archipiélago?

“En ello estamos. Yo me muevo reclamando que la sociedad civil recupere su protagonismo y sus derechos. Los empresarios tenemos una gran responsabilidad porque no se saldrá de la crisis sin nosotros. Pero debemos reclamar a los políticos ideas claras, y que gobiernen atendiendo las exigencias derivadas de la sociedad civil y no mirando sólo a sus intereses. Hay que ser conscientes de que el empresariado español no siempre ha estado a la altura”.

-¿Por qué dice eso?

“Pues porque en España la clase empresarial ha estado demasiado pegada al poder, demasiado dependiente del presupuesto público. Es un hecho poco discutible. Y ahora nos damos cuenta de que hay que ocuparse de los temas que nos afectan de manera directa. Por ejemplo, nos hemos desentendido de los bancos y hoy los bancos están detrás de la tragedia de 450.000 pequeñas y medianas empresas desaparecidas. No es sólo responsabilidad de los bancos, pero nosotros, los empresarios, hemos mirado más al poder que a la actividad empresarial propiamente dicha. Y es hora de cambiar ese modelo”.

-Lejos ya en el tiempo los años de la infamia, usted dijo que se sentía vilmente agredido por el poder político. ¿Cómo ve el futuro de España?

“Tenemos una gran oportunidad delante de nosotros; es hora de cambiar el modelo, el sistema, el modo de entender el poder. Es hora de que recuperemos lo nuestro. Me refiero a la sociedad civil. Los políticos son un gran problema nacional. El 75% de los españoles no se siente representado en una opción política. Eso demuestra que hay que tener un proyecto de España claro e imponerlo desde la sociedad civil. Necesitamos ese proyecto, un liderazgo claro y un compromiso de todos a largo plazo para conseguir alcanzar lo que queremos ser. Pero ¿dónde está ese proyecto colectivo? Ese es el problema. Sobran proyectos de poder y faltan proyectos de país. Ése es nuestro drama, pero tenemos la oportunidad de superarlo”.

-¿Es consciente de que para una gran parte de la población usted es más que un empresario de éxito, con ser esto muy importante? Muchos se preguntan hasta dónde va a llegar su compromiso.

“Mire, hace 18 años escribí mi libro El Sistema. Dije lo que le pasaba a España. Desgraciadamente, no sólo no se escuchó sino que comenzó la cacería. Me han tenido 15 años al margen y vuelvo a la vida viendo que esos problemas que denunciaba son los mismos que tenemos hoy, pero corregidos y aumentados. Por eso mi compromiso es con la sociedad civil en general y con el sector empresarial en particular. Por eso hemos constituido una Fundación Civil para explicar que sin la participación directa y clara de la sociedad civil no tendremos un verdadero proyecto colectivo”.

-¿Qué opina de la clase política?

“Ya lo dije en 1994: es una clase con cortes claros de endogamia, de atender a sus intereses por encima de los de la sociedad. Esto no quiere decir que no haya políticos serios y honestos. Los hay, pero hablo de la clase en su conjunto. Y no es bueno que tengamos una clase política que la sociedad civil rechace y la convierta en un problema. Un país necesita políticos potentes, claros, con decisión de ayudar, políticos para los que el poder sea un instrumento y no un fin. Ésta es la gran renovación pendiente”.

-¿Debe la sociedad civil participar en política?

“Debe definir sus necesidades, sus objetivos, y lo que quiere ser y exigir a los políticos que lo cumplan. Para eso primero debe organizarse. Segundo, definir proyectos y propuestas, y tercero, reclamárselos a los partidos. Y si éstos no quieren, como hasta ahora, cumplir esas exigencias, deberá actuar de manera directa para imponer el cambio de modelo, algo que, me temo, a los políticos les costará mucho hacerlo”.

-¿Por qué dice eso?

“Porque en los últimos 16 años hemos tenido ocho años de gobierno del PP y ocho del gobierno del PSOE, y las leyes clave no se han modificado. Ahora los españoles lo ven claro.