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LA COLUMNA > POR MANUEL IGLESIAS

Menos leyes y más psiquiatras

   

Sos datos sitúan una vez más a Canarias en los primeros lugares de las denuncias por malos tratos en el ambiente doméstico, una triste posición, aunque no queda claro si se trata sólo de ese aspecto negativo de la cantidad o si puede ser producto de una mayor conciencia al respecto y son más ahora las denuncias que se realizan. Que se ve más lo que sucede y que se decide actuar en lo antes se callaba dentro de las paredes.

El aumento de la dureza en la legislación para estos casos representa una señal importante de reproche a esta expresión extrema de la violencia machista, pero no parece que se pueda considerar como una medicina para este mal. No aborda el hecho de que no ha ofrecido solución efectiva al problema continuo de violencia contra las mujeres, que por lo que se ve no disminuye por la amenaza de la represión.

Conocer la realidad de la violencia en el interior de los hogares, no sólo contra las mujeres, sino también la que se ejercita contra la infancia y contra las personas mayores, es una responsabilidad ineludible de la sociedad.

Hay una raíz histórica ya que durante mucho tiempo la sociedad ha sido muy machista, en la que se animaba a controlar, a disciplinar con severidad, incluso a abusar de la superioridad económica o social en el entorno. Pero también hay motivaciones en la cultura actual, que presenta un esquema en el que los jóvenes ven en los medios de comunicación y de distracción, desde la televisión a los videojuegos y el cine, como son corrientes los modelos de violencia en el trato con los demás. Con frecuencia, alguien impone por la fuerza -no importa que sea el protagonista teóricamente “bueno”- sus ideas o altera con ello las circunstancias, reforzando el concepto de la agresividad como una solución, inicial o final, para resolver los problemas y acabar con un “conflicto”.

En la televisión y en los juegos informáticos juveniles la violencia es glorificada y se minimiza la importancia de golpear o matar a otra persona. El cine los estereotipos que nos presentan en muchos casos son de furia sexual. ¿Cómo se puede someter la sociedad a estos bombardeos psicológicos y creer que no tiene consecuencia, ni alteran los códigos de valores?

Es un mal general. La violencia doméstica ocurre en todos los niveles de la sociedad. En todos sucede lo mismo, porque los agresores trasladan habitualmente la agresión que han acumulado en otros ámbitos hacia sus espacios domésticos.

Y siempre se vuelve al mismo planteamiento. Si las agresiones domésticas tienen unas raíces en las mentes de las personas, ¿no es más importante tratar esas mentes, individualmente o globalmente, en la sociedad, para evitar la violencia, que seguir legislando para castigar una vez que suceden los hechos? Menos leyes después y más psiquiatras antes.