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RETIRO LO ESCRITO > POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Nada

   

Una de las primeras obligaciones que deberá afrontar el nuevo Gobierno de Canarias, que tomará posesión a mediados de julio, será definir (decidir) el marco presupuestario de las cuentas públicas para 2012.

O así debería ser. Porque, según todos los cenáculos y meriendáculos económicos y empresariales, los presupuestos generales de 2012 están abocados a un crecimiento estancado o negativo, tanto por los compromisos adquiridos en el Consejo Económico y Fiscal con el Ministerio de Economía y Hacienda como por lo que vendrá muy próximamente: la imposición de una regla de gasto presupuestario, que en ningún caso podrá ser superior al incremento del Producto Interior Bruto, según la exigencia de Bruselas. Nadie confía en que entre los recortes presupuestarios que se avecinan (Rodríguez Zapatero prefiere amputar partidas a practicar reformas) no se incluyan zarpazos a las transferencias de capital a las comunidades autonómicas.

Asombrosamente, empantanados en semejante tesitura no puede encontrar uno, recorriendo el texto programático firmado por CC y el PSC-PSOE, nada parecido a un análisis de la angustiosa situación económica y presupuestaria, ni una iniciativa política que establezca medidas inflexibles de contención del gasto, ni novedades en las políticas activas de empleo, ni propuestas concretas de la reforma de la función pública, ni barruntos de una aportación inteligente y mesurada desde el Gobierno (a través de la trascendental reforma del REF) a una transformación del modelo económico en el que se basó el crecimiento del Archipiélago en los últimos treinta años. Nada de nada. De hecho, cuando restan pocos días para la investidura presidencial de Paulino Rivero, no puedes encontrar todavía a nadie, entre coalicioneros o socialistas, capaz de explicarte de forma inteligible la estructura del próximo Ejecutiva y su simpático kamasutra político de consejerías verticales y horizontales.

Los periodistas tampoco preguntan sobre nimiedades como los presupuestos, las políticas de empleo o la reforma de las administraciones públicas. Ganará el reportero que primero averigüe quién será la consejera de Sanidad o el director general de la Radio Televisión Canaria. Todo esto no es más que un gigantesco y estúpido ejercicio de irresponsabilidad, una irresponsabilidad cínica o bienpensante, maligna o toleta, que habla claramente de los terroríficos años que nos esperan en lontananza.