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RETIRO LO ESCRITO > POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Ni un paso menos

   

Caben un montón de excusas. Algunos portavoces del movimiento del 15-M se han desmarcado de lo ocurrido hoy (ayer para ustedes) en las inmediaciones del Parlamento de Cataluña: intento de bloquear los accesos, insultos furibundos y abucheos corales a todos los diputados, empujones y zarandeos a alguno que otro, incluido un ciego al que intentaron dejar sin perro lazarillo: a un hombre que no puede ver el bien común no se le debe permitir explotar a un pobre animal. El inefable Nacho Escolar apuntaba que era una pena que los medios se empeñasen en hablar de estas fruslerías y no en recordar lo que estaba a punto de aprobar la mayoría parlamentaria que apoya al Gobierno de Artur Mas: un recorte presupuestario de 2.680 millones de euros que afectará básicamente a los sistemas públicos de educación, sanidad y asistencia social. Otros susurraban que el movimiento de protesta estaba trufado de policías de paisano para incitar a la violencia, como si el acto en sí mismo no consistiera en violentar la reunión de una asamblea parlamentaria y no meramente en manifestar la disconformidad con las decisiones de la misma. Quien ha perdido ayer no es el Parlamento de Cataluña o el Gobierno de Artur Mas, sino el movimiento de protesta que encabezó -y no se si todavía encabeza- Democracia Real Ya. Muchos hemos insistido en que la élite de la partidocracia mangoneadora no entendió a los acampados en las capitales españolas; ahora quizás sea obligatorio preguntar a los activistas que pretenden bloquear los accesos a un Parlamento o persiguen por la calle al alcalde de Madrid o abuchean a los diputados por las esquinas si entienden lo que quieren hacer. ¿Quieren hacer una revolución? Pues están aviados porque, como decía el clásico, no hay condiciones objetivas ni subjetivas para iniciar un proceso revolucionario. ¿Quieren impulsar una revuelta? Hoy por hoy constituyen una minoría social y cultural que se niega testarudamente a asumir una organización, un programa de mínimos consensuado, la necesidad misma de ampliar propositiva y no solo críticamente su base social si quieren superar la fase de un simpático y protestón folclorismo juvenalista, porque las revoluciones son fuerzas insurrectas que no organiza propiamente nadie, pero la revuelta exige todos los mimos de la escuadra y el cartabón. El católico Bergamín solía decir que estaba con los comunistas hasta la muerte, pero ni un paso más allá. Yo estoy con los indignados hasta la democracia, pero ni un paso más atrás.