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EL DARDO > POR LEOPOLDO FERNÁNDEZ

No pudo ser

   

Quizás se habían puesto demasiadas esperanzas en la candidatura de Las Palmas para capital europea de la cultura en 2016. Pero el esfuerzo de autoridades (empezando por el exalcalde Saavedra) y voluntarios, la numerosísima participación popular, incluidas las gentes del Risco de San Nicolás, y, sobre todo, el contenido mismo del proyecto canario, merecían mejor suerte. Por la oportunidad de otorgar a una capital insular y ultraperiférica el protagonismo europeo y la multiculturalidad que se proyectaban también hacia África y América. O la oferta de infraestructuras y cultura viva, en movimiento, de pleno respaldo popular. San Sebastián no entraba en los pronósticos ganadores, ni tampoco Segovia, que quedó finalista. El jurado se centró en criterios que no trascienden al vulgo y la alta política se coló en un fallo que es obligado respetar aunque no se comparta. Tras más de 40 años de terrorismo, ese compromiso social, esa oportunidad para que la hermosísima capital donostiarra pueda contribuir “a que supere su historia de violencia”, seguro estoy de que ha sido clave, quiérase o no, para ahondar en la pacificación y la mejora de la convivencia por la vía de la cultura. Se trata de un objetivo original y meritorio. Está, además, el proyecto en sí, que me parece magnífico, las cosas como son. Entre gastronomía, naturaleza, viajes costeros, músicas, encuentros y propuestas para la paz, en San Sebastián y lejos de Donostia, desde el amplio concepto de lo cultural, la propuesta que puso en marcha el exalcalde Odón Elorza -y que debe continuar el actual de Bildu, Juan Carlos Izaguirre- puede ser una extraordinaria contribución a la convivencia ciudadana, ya que no hay nada que acerque tanto a los hombres como la cultura, esa “obra de los pueblos pacíficos” que refería Tolstoi. O “el más bello eslabón de unión entre los pueblos, aun los más distantes”, que decía Beethoven. Olvidado el fallo del martes, valorado el esfuerzo de tantos y la cohesión lograda en torno a un proyecto ilusionante, sería bueno que el espíritu que dio origen a la candidatura de Las Palmas se mantuviera y trasladara al resto de las Islas, para recoger lo mucho y bueno que desde el punto de vista cultural se atesora en muchos rincones de Canarias. Y movilizar a las autoridades políticas, y a los creadores y animadores culturales, para que pongan en marcha el mayor número posible de los eventos proyectados para 2016, particularmente aquellos que reflejan mejor los goces y deleites de nuestras costumbres, modos de vida y conocimientos y capacidades que se desprenden de las artes, las ciencias y todo aquello que engloba el amplio concepto de cultura.