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SAN JUAN DE LA RAMBLA >

Noche de eco y luz

   

La noche de San Juan reúne cada año a un mayor número de personas en el municipio norteño. | DA

CRISTINA DELGADO | San Juan de la Rambla

Risco abajo, el resonar de los bucios alcanzó su máximo esplendor cuando una hilera de fueguitos, es decir, los vecinos con antorchas en la mano, se dirigía al encuentro en El Calvario con San Juan Bautista en procesión. Así se celebra la noche de este santo, el 23 de junio, en la Villa de San Juan de la Rambla, una tradición que cada año reúne a más personas. De las 100 que eran en 2009, en esta ocasión la cifra se multiplicó hasta el punto de que la plaza de Rosario Oramas completó su capacidad.

La tarde comenzó con un taller de lucha canaria en la plaza principal del pueblo, y le siguió una exhibición de salto del pastor a lo largo del risco del Mazapé. Se llevó a cabo por diez federados de este deporte autóctono, del colectivo Aguere de Salto Canario. Pero la tradición del resonar del bucio comenzó de verdad cuando grupos de personas subían por los senderos habilitados hacia lo alto de las laderas, donde se reunieron en torno a una gran hoguera mientras tocaban el instrumento protagonista de la noche. “Éramos como una familia; todo estaba bien organizado”, alegaban algunos de los involucrados en la tradición.

Mientras, los más devotos acudían a misa y los turistas y curiosos aguardaban en la plaza de la Constitución a que la marcha de los bucios comenzara. Al término de la función religiosa, se oyó un fuerte retumbar de caracola en lo alto del Mazapé y, poco a poco, se fueron encendiendo antorchas. Así se formó una hilera de luces serpenteantes, que comenzó a moverse por el mismo sendero por el que habían subido horas antes los vecinos. “En la ladera había como una serpiente iluminada”, decía un visitante.

Llamada de atención

El resto del pueblo se formó en procesión con el santo por la zona principal del pueblo hasta llegar a El Calvario, el punto de encuentro con los que bajaban por el Mazapé. Durante todo el trayecto, no se dejaban de oír los toques de bucio. El sonido ambiente era una llamada de atención para los que estaban de pasada, y la rareza de esta celebración hacía que se acercasen muchos a descubrir lo que era la tradición de esta caracola.

El eco se hacía más notable cuanto más cerca estaban las dos partes del pueblo y, en el momento del encuentro, las farolas de la avenida principal se apagaron para que cobrasen protagonismo las luces de las antorchas. Desde El Calvario, todos juntos partieron hacia la plaza de la iglesia de San Juan Bautista, donde continuó la celebración.

Tanto es así que, como cada noche del 24 de junio, por la fiestas patronales, y cuando la virgen del Carmen de Realejo Bajo va al casco de San Juan de la Rambla cada 50 años, se lleva a cabo otra de las costumbres destacables del municipio: la quema del risco. Consiste en el encendido del Mazapé, con numerosas pequeñas hogueras que van dibujando el borde del peñasco y el camino que conduce a él.