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POR JULIA NAVARRO >

Pongámonos en lo peor

   

Sí, hagámoslo porque las declaraciones de Durán i Lleida pidiendo un gran pacto sobre la sanidad pública, avaladas por el PP, pueden ser el preludio de un tijeretazo a las prestaciones sanitarias que hasta ahora recibimos los españoles.

En Cataluña, el Gobierno de CiU ya ha recortado prestaciones. No hay dinero, dicen. Otras comunidades autónomas también están desbordadas por el gasto sanitario y acumulan deudas con los proveedores.

Sí, seguramente hace falta que los responsables políticos se sienten a hablar de la sanidad, pero no para recortar prestaciones, sino para mantenerla y mejorarla.

El problema es que cada comunidad autónoma ha gestionado la sanidad como ha querido, pero sobre todo la gestión diferente que cada cual ha hecho de la sanidad ha supuesto que, depende de dónde enfermes, así es la respuesta sanitaria que recibes.

Conozco muchos médicos que trabajan en la sanidad pública y que se lamentan del estado de ésta, de la falta de medios materiales y humanos.

Faltan médicos. Faltan enfermeras. Falta personal sanitario. Y faltan mientras nuestros jóvenes buscan trabajo fuera de España.

En nuestro país se forman excelentes profesionales de la medicina y fuera se los rifan. Somos así de originales.

Pero si nuestra sanidad pública tiene problemas es sencillamente porque se ha hecho una pésima gestión, agravada porque cada comunidad ha hecho de su capa un sayo.

Saben, creo que nada de lo que está pasando es casual, y que la consecuencia principal de la crisis que padecemos es que nos están desmantelando el Estado del bienestar.

El colmo es que quienes han provocado la crisis son los mismos que exigen que perdamos derechos.

Y resulta que hace tiempo las grandes multinacionales que se dedican al negocio de la salud están empeñadas en acabar con el sistema de protección sanitaria con que contamos los europeos.

Esas grandes compañías conciben las prestaciones sanitarias como un negocio, un negocio del que sacan buenas tajadas.

En realidad, en los últimos años en nuestro país ya se ha privatizado parte de la sanidad aunque haya sido por la puerta de atrás. Lo hicieron las comunidades gobernadas por el PP, po-niendo en marcha unas fundaciones a través de las cuales privatizaban la gestión de hospitales públicos.

Claro que las comunidades socialistas no le hicieron ascos a la idea y pronto se apuntaron.

La voz de alerta de Durán i LLeida debe de servir, no para ir en la dirección que él apunta, sino a la contraria, en la que los ciudadanos podamos disponer de una buena sanidad pública como la que tenemos, como la que hemos tenido.

Por eso, la voz de alarma de Durán i Lleida y de la portavoz parlamentaria del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, me llena de inquietud y me pongo en lo peor.