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LA ÚLTIMA > POR LUIS DEL VAL

Pragmatismo político

   

En algunos sectores ha causado un nerviosismo indisimulado la decisión de Izquierda Unida de no apoyar al PSOE, hasta tal extremo que ya han anunciado el destierro de IU como fuerza parlamentaria.

Que yo sepa, partidos conservadores, como el PNV y CiU han pactado con partidos de izquierdas y de derechas, y partidos de izquierdas, como el PSOE, han pactado con partidos conservadores, unas veces nacionalistas y, otras, no, como es el caso del PSOE vasco que pactó con el PP, gracias a lo cual Patxi López es lehendakari.

En aquella ocasión no escuché gritos aterradores anunciándole al PSOE su condena eterna al extraparlamentarismo, e incluso algunos de los que hoy están a punto de tener que ir a la sastrería, tras rasgarse las vestiduras, alabaron, elogiaron y ensalzaron el pragmatismo del PSOE y la caballerosidad del PP. Pensar que los del PP en el País Vasco son unos caballeros, y los del PP extremeño, unos rucios resulta bastante ofensivo, yo diría que bastante incomprensible.

En Aragón el PP que encabeza Luisa Fernanda Rudi, va a hacerse con el gobierno gracias al apoyo del Partido Aragonés Regionalista (que fue el que le concedió al PSOE de Marcelino Iglesias que gobernara en las anteriores legislaturas). Ni en aquellas ocasiones noté que nadie se rompiera la camisa, con lo cara que está la ropa, ni en ésta consideran que el PAR vaya a cometer un suicidio.

¿Por qué, pues, produce tal alteración la decisión de IU de Extremadura? Por el prejuicio ideológico y excluyente con que algunas personas observan la política. Es más, estos mismos desasosegados, en no pocas ocasiones, cuando los pactos no favorecen lo que ellos creen que deben ser los evangelios políticos abogan porque gobierne la lista más votada.

Bueno, pues la lista más votada en Extremadura fue la del Partido Popular, circunstancia que habrá que achacar al libre albedrío de los extremeños, que mostraron su voluntad, en sufragio universal, libre y secreto.
A todo esto, el más hidalgo, el que ha mostrado una opinión más caballeresca, ha sido el que tendría motivos para sentirse más desairado: Guillermo Fernández Vara.

Sus declaraciones irreprochables y elegantes son una muestra de que no todos los políticos (ni los polítologos) son iguales.