X
POR ARTURO TRUJILLO >

PSOE y CC, ante el 12-M

   

Una vez adulterada la voluntad de los ciudadanos y concretadas las alianzas de perdedores en la mayoría de las corporaciones de nuestras Islas, con lo que se ha subvertido el espíritu de la democracia misma al modificarse en los despachos lo que las urnas han expresado, casi sin solución de continuidad le sucede un escenario preelectoral que nos va a llevar hasta las generales del mes de marzo próximo. Y aún sin que nadie en el PSOE haya asumido la responsabilidad de la hecatombe producida como consecuencia de los últimos comicios locales y autonómicos, que, por cierto, no ha sido producto de la crisis económica, como algunos nos lo quieren vender, sino de la mala gestión de las reformas necesarias para salir de ella. Nos acercamos a unas elecciones generales cuya campaña creo que va a ser muy dura. Sobre todo entre los dos grandes partidos, que son los que más obligados están a intentar rebajar la cota más alta a la que ha llegado la desafección de los ciudadanos con la clase política. Será, además, una campaña muy larga, que, en mi opinión, significará un enorme derroche, un lujo para este país, que, en estos momentos, no se puede permitir.

No obstante, alargar la agonía de este Gobierno, en el que CC ha participado con su apoyo en Madrid y con ese aire que le han suministrado al PSC tras incorporarlo a las corporaciones locales e insulares de las Islas, me parece un auténtico suicidio. España no puede aguantar un Gobierno en precario como este hasta marzo de 2012. Pero no por Zapatero, que ya sólo está pendiente de que terminen las obras en su nueva casa de León, ni siquiera por Rubalcaba, que allá él con sus rasputinadas, sino por los ciudadanos de este país, que somos los auténticos perjudicados de las veleidades de un Zapatero impermeable a lo que siente la calle. Hasta tal punto que, desde su propio partido, ya han comenzado a surgir voces discrepantes que le exigen que se vaya.

Y es que precisamente Zapatero, cuyas profecías ya nadie se las cree, llegó a llamarnos bellacos a aquellos que le acusamos de haber hecho recortes, y se ha quedado tan pancho. Y hasta se ha atrevido a asegurar, con descarada arbitrariedad, que “España está en su mejor momento” (sic). No me dirán que esto no es de juzgado de guardia. Hace sólo un año rebajó el sueldo a los funcionarios, congeló las pensiones, subió los impuestos y recortó ayudas, como la deducción de los 400 euros o el cheque bebé. Si a todo esto no se le puede llamar recortes, pues ya me dirán a qué si no. Además, ha fracasado en el diálogo social y ahora se ha metido con la reforma de la negociación colectiva, y no ha sabido como salir de ella sin tener que llegar a un decretazo con el que, ni siquiera, consigue convencer a “sus” sindicatos. Mientras tanto, el consumo privado no termina de dinamizar, porque el alto desempleo y la pérdida de poder adquisitivo producida, precisamente y entre otras cuestiones, por la reducción de salarios a los funcionarios y la congelación de las pensiones no lo dejan. Pero eso sí, continúa con sus visiones sobre el crecimiento económico y el empleo, producto de un optimismo antropológico que choca frontalmente con la realidad. Que se lo pregunten, si no, a los cerca de cinco millones de parados, a los nueve millones que viven bajo el umbral de la pobreza o a ese 45% de los jóvenes que no encuentran trabajo.

Pero más grave aún es la que se nos viene encima con Rubalcaba. Para el PSOE, posiblemente se trate del mejor candidato que podía elegir. Pero para el resto de la ciudadanía, es más de lo mismo. Es uno de los responsables más significados del actual Gobierno. Porque ha compartido en él todas las políticas de Zapatero. Elegido por la dedocracia impuesta por una oligarquía cerrada del PSOE, Rubalcaba se ha convertido en el sucesor de quien para él es ya un verdadero lastre, que, si nadie lo remedia, va a tener que soportar hasta el mes de marzo próximo. Porque vamos a ver qué es lo que va a pasar cuando Zapatero presente nuevas medidas con las que Rubalcaba pudiera no estar de acuerdo. Aún sin haberse producido tal circunstancia, ya ha comenzado a decir que quiere cambiar la política que hasta ahora ha venido haciendo el PSOE y que él tiene un programa para España. Pero ¿qué cambios puede hacer teniendo a Zapatero detrás? Y es que, aunque Rubalcaba se vea obligado a alejarse de las políticas de Zapatero, siempre se le va a recordar como el corresponsable más funesto del peor Gobierno que ha tenido España en democracia.

De todas maneras, lo más curioso está por llegar. Vamos a ser testigos de excepción de la transformación que CC tendrá que sufrir para que en los próximos comicios el electorado no le confunda con sus socios socialistas en Canarias. Algo que vamos a poder vivir en directo durante los próximos meses. Será muy interesante. Como también lo va a ser el comprobar qué es lo que sucederá en el PSOE cuando Rubalcaba pierda las elecciones y Zapatero abandone su secretaría general. No las va a tener todas consigo para continuar. No porque él no quiera, sino porque en el PSOE va a necesitar una auténtica regeneración interna que termine con todo lo que huele a Zapatero. Y de ser así, es muy posible que se ponga en marcha el mecanismo más coherente para estos casos, el de un Congreso. Y será ahí donde podremos comprobar si Rubalcaba cuenta con los apoyos que dice tener en estos momentos dentro de su partido. Vamos a ver si no aparecen otras figuras más jóvenes del socialismo español dispuestas a luchar por la secretaría general del partido. No sé que es lo que ocurrirá en los próximos días, pero lo que sí tengo claro es que mientras CiU y PNV comienzan a acercarse al futuro, a un PP en plena ascensión, en CC continúan jugando con perdedores. Allá ellos.