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“Quien viene al Fimucité aprende a escuchar una película”

   

SANTIAGO TOSTE | SANTA CRUZ DE TENERIFE

La imagen que se escucha y el sonido que se ve. Para dar a conocer el resultado de la unión de dos artes nació el Festival Internacional de Música de Cine de Tenerife (Fimucité), una muestra que, sobre todo, gracias al esfuerzo de un puñado de personas, que frente a una época de vacas flacas y recortes presupuestarios deciden tirar para adelante, celebra desde el lunes su quinta edición. Con su director, Diego Navarro (Santa Cruz de Tenerife, 1972), mantuvo DIARIO DE AVISOS esta charla.

-Fimucité cumple ya cinco ediciones. ¿Se han cumplido las expectativas de quienes un día decidieron poner en marcha en Tenerife un festival de estas características?

“Se han superado con creces. El origen del festival fue un concierto que queríamos organizar Don Davis, compositor de la música de Matrix, entre otras obras, y yo. Y ese sueño se plasmó en el Auditorio, convirtiéndose en el concierto de clausura de la primera edición. Pero además se unieron otros compañeros, como Sean Callery, compositor en 24, Bones, Medium…; o Mychael Danna, autor de la música de Vanity Fair, La boda del monzón, Capote… Luego, la progresión ha sido geométrica”.

He acabado mi primer trabajo en Estados Unidos, para una cinta de terror: ‘Mimesis”

-¿Cuáles han sido las mayores dificultades que ha debido encarar Fimucité en tiempos de crisis?

“Son muchas. Estamos en plena recesión y en el ámbito cultural han ido quedándose por el camino muchísimos festivales. Las administraciones públicas han dado un paso atrás y dejado de apoyar determinadas propuestas. No es nuestro caso, por fortuna. Seguimos contando con el apoyo de las administraciones pero, por otro lado, la disminución del presupuesto ha sido vertiginosa. Ahora tenemos un 95% menos de dotación presupuestaria que en la segunda y tercera edición. Así que, más que presupuesto, contamos con una cantidad simbólica. Este festival desde el año pasado se hace porque todo su staff ha seguido defendiéndolo, porque tenemos que darlo todo y no permitir que una coyuntura económica tan terrorífica destroce una cita tan maravillosa. Este equipo de personas decidió el año pasado renunciar a los cachés: trabajamos gratis. De hecho es una apuesta y un riesgo, en tanto que adelantamos dinero de nuestro bolsillo y dependemos de la taquilla”.

Diego Navarro, director de Fimucité. | DA

-Esta muestra musical también abre sus puertas a las promesas. ¿Es hoy factible desarrollar desde una Isla una vocación musical?

“Para mí fue complicado. Contamos con excelentes profesores que permiten que adquieras una buena formación musical, pero siempre llega el momento en que tienes que emigrar para seguir absorbiendo influencias, para continuar aprendiendo teoría y práctica. Eso es obligatorio, porque se trata de un aprendizaje continuo, en el que nunca llegas al final. Y eso también resulta maravilloso, porque cada día te sorprendes. En el caso de la composición de música para el cine, tienes que irte fuera casi desde el principio, a escuelas como Berklee, en Boston (Estados Unidos), o a universidades británicas, prestigiosas pero caras”.

-Una de las características de Fimucité es la adopción de diversas sedes para los conciertos y las actividades paralelas. ¿Esta voluntad de descentralizar la experiencia se traduce luego en un mayor interés y diversidad del público que acude a las propuestas?

“Sin duda. Lo extraño y surrealista de este festival es que continúa in crescendo pese a todas esas carencias económicas. Las instituciones aportan al Fimucité, pero sobre todo en especie. Un ejemplo de ello es el Cabildo, que ofrece la Orquesta Sinfónica de Tenerife, el Auditorio, TEA Tenerife Espacio de las Artes… Este año tenemos cinco conciertos, que se dice pronto, y más sedes que nunca, siete. Contamos con cuatro escenarios: Auditorio de Tenerife Adán Martín, Teatro Guimerá, Teatro Leal y Paraninfo. A eso se añaden el Espacio Cultural CajaCanarias, que nos facilita una ayuda importantísima; TEA y los Renoir Price. Por otro lado, ahora publicamos nuestro cuarto libro, en colaboración con Filmoteca Canaria. Somos el único festival de música para el cine que posee una línea editorial propia. La ilusión, la fuerza y la voluntad de sacar adelante este festival hace que tengamos más por menos. Pero hacemos este esfuerzo con la esperanza, y certeza, de que esto cambiará, de que las cosas se normalizarán y volveremos a recibir el apoyo financiero público”.

La opinión de que la música de los filmes es facilona es una sandez como una casa”

-¿La música para el cine constituye una de las mejores maneras de crear melómanos?

“Sí. De hecho, hay mucha gente que la llama la música clásica del siglo XX y XXI. En esencia eso no es correcto, porque ya existe la música de concierto, que es a la cual llamamos clásica (aunque ése tampoco es un término apropiado, pues música clásica es la que se hizo en el siglo XVIII). Pero sí, todos crecimos viendo películas y, quieras que no, hay muchas melodías guardadas en nuestro cerebro, que asociamos con recuerdos infantiles, amorosos, familiares… ”.

-Y del otro lado, ¿qué aporta al espectador esa experiencia de disfrutar de la banda sonora de una película en la sala de un concierto?

“La gente que vive el Fimucité nos dice que a partir de ese momento ya no disfruta igual una película; pues ahora la ve, pero también la escucha. Es decir, que el oído es capaz de discriminar entre los estímulos que recibe. Se está más pendiente de la música, de cómo va a ser, de hacia dónde nos quiere llevar… ”.

-Y desde la visión del compositor, ¿de qué modo el séptimo arte contribuye al auge de eso que mal llamamos música clásica?

“Es música orquestal contemporánea de máximo nivel. Existen determinadas posturas que califican a la música del cine como facilona. Yo creo que ese punto de vista es una sandez como una casa. La música para el cine aplica las técnicas de orquestación más complejas, en pro de ilustrar escenas de un variado pelaje. Y eso exige músicos experimentados. Desde luego, ésta es una de las ramas de la música contemporánea que más producción aporta. Luego, es obvio que de todo hay en la viña del Señor, y se dan cosas maravillosas con otras muy mediocres”.

-Ciudadano Kane, Con la muerte en los talones, Taxi Driver… Nos vienen a la mente Orson Welles, Alfred Hitchcock y Martin Scorsese, pero también otro creador, Bernard Herrmann, el compositor al que Fimucité dedica uno de sus homenajes. ¿Cuál es la importancia del legado de este artista?

“Brutal. Es uno de los padres de la música para el cine. De la misma manera que Schubert no se entiende sin Beethoven; y Beethoven no se entiende sin Mozart; y Mozart no se entiende sin Haydn; y Haydn, sin Bach, Herrmann sentó las bases en esta disciplina. Es un creador de un estilo propio, que posee una formación clásica apabullante. Es un maestro absoluto y este año celebramos el centenario de su nacimiento. En la segunda edición del Fimucité repasamos sus partituras para las películas de Hitchcock, por lo que ahora decidimos ir un poco más allá y mostrar qué otras cosas hizo en el cine, con muchos otros directores, como los ya citados, o con el propio Ray Harryhausen”.

El equipo del festival trabaja gratis, por la crisis, e incluso arriesga su propio dinero”

-Otro de los platos fuertes va a ser el tributo al recientemente fallecido John Barry…

“Para nosotros constituía casi una obligación revisar sus highlights. Para ello hemos elaborado un programa equilibrado, con el deseo de hacer las delicias del público que asista”.

-Fimucité incluye a autores en activo, como Umebayashi, Pascal Gaigne o Stephen Warbeck… ¿Desmerece en algo la música que se compone hoy para el cine de la que se hacía en el pasado?

“Como siempre sucede, se hacen cosas malas, pero también se crean auténticas maravillas. Y ese segundo aspecto es justo el que queremos dar a conocer y potenciar desde Fimucité”.

-Precisamente, una de las citas estrella de este Fimucité será escuchar la banda sonora compuesta por Patrick Doyle para Thor…

“Doyle es un compositor integral, que puede abordar cualquier registro con extrema pericia, independientemente de que escriba un cuarteto para cuerda o una obra para orquesta y coro. La música que sale de su cabeza puede ser tanto sutil y romántica como terrorífica o impactante. Para mí resulta todo un espectáculo su música para la escena del Frankenstein de Kenneth Branagh, cuando el científico, en medio de un montón de máquinas, se dispone a darle vida a su criatura. La música hace que todo cobre sentido; sin ella, la escena sería absurda”.

-Hablemos ahora del Diego Navarro compositor. ¿Cuáles son los retos que encara?

“Hace mes y medio concluí mi trabajo en mi quinto largometraje, una película de terror, Mimesis, que dirige Douglas Schulze y se estrenará en 2012. Ha sido una experiencia increíble. He podido escribir la música que quería para mi primer largometraje en Estados Unidos y además en un registro tan interesante como es el terror, que te da pie a exprimirte la cabeza. Ha sido un trabajo muy arduo, durante dos meses con jornadas de 12 y 14 horas al día, sábados y domingos incluidos. Se trata de 80 minutos de música de los que me he quedado muy contento. Por otra parte, en mi calendario figura otra película que se está rodando en estos momentos; en agosto dirigiré otro concierto fuera de España y en septiembre, probablemente, le pondré música a una nueva historia que es fascinante”.