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SIN COMPLEJOS > POR FERNANDO FERNÁNDEZ

Resaca

   

Los pepinazos que pronostiqué hace una semana fueron más contundentes de lo esperado y habrá que tener cierta perspectiva temporal para conocer mejor sus consecuencias. Ignoro al escribir qué ha ocurrido en los cabildos, donde también se producirá algún crujido.

No espero sorpresas en el Parlamento para la investidura de Rivero. Si la hubiera esto sería la mundial. Primero, porque el socialismo canario no puede perder la última trinchera de sus dirigentes regionales y si José M. Pérez no fuera vicepresidente, tendrá que volver a dar clases de historia y todos los demás jubilarse de la política. Y segundo, porque a Rivero también le va la vida y sólo ese pacto evita ahora su naufragio. En plena resaca, Rivero y Pérez, hombro con hombro, se apuntalan recíprocamente para mantenerse en pie. Mañana Dios dirá.

Esta situación no me gusta un pelo y, después de lo ocurrido, ahora tenemos dos urgencias. Una, vadear las aguas turbulentas de la crisis para que no nos arrastre la corriente en los próximos meses. Haría bien el PP si ofrece su leal apoyo desde el Parlamento, sobre todo a partir de las casi inmediatas elecciones generales. La otra y más importante para el futuro, empezar a pensar seriamente en modificar las normas electorales. No estoy hablando de eso que algunos llaman la ley electoral canaria para elegir diputados regionales, que ahora me parece accesorio. Lo inaplazable es modificar el procedimiento de elección de alcaldes, si se quiere evitar una crisis política más profunda y el desapego de unos ciudadanos que cada vez creen menos en los políticos. No sé si hay que ir a la elección automática como alcalde del cabeza de la lista más votada o una elección a doble vuelta. Pero así no podemos seguir si queremos afrontar con éxito el enorme desafío que para la convivencia democrática puede ser, a no muy largo plazo, el llamado movimiento del 15-M.
He seguido las reacciones en todas las islas después de la elección de alcaldes y entre ellas me ha llamado la atención la del palmero Perestelo. Precisamente él, un submarino pauliniano, dice ahora que no ve posible otro pacto en Canarias que entre el PP y el PSOE.

Ese pacto en el Gobierno regional hoy es imposible y la única manera de lograr algo parecido es si ambos partidos forman parte de un mismo gobierno presidido por CC. Cuando he defendido que la gravedad de nuestros problemas actuales y futuros demanda un gobierno de concentración para darles respuesta, lo hice después de semanas o meses entrevistándome con relevantes dirigentes de los cuatro partidos más importantes de Canarias. Viajé por las Islas y dediqué horas a hablar con todos ellos. Si hoy estamos como estamos, es decir, muy mal, es porque todos pusieron por delante consideraciones de partido y hasta de índole personal, en detrimento de los intereses generales de los canarios. A unos les faltó ambición y a otros decisión. A alguno le sobró ambición y a otros miopía política. Y la mezcla de esos cuatro factores nos ha colocado donde estamos y como estamos.

¿Cómo estamos? No parece que haya alguien demasiado contento. Desde luego, entre los electores me parece haber detectado una inmensa mayoría rabiosamente cabreada. ¿Dónde estamos? Inmersos en medio del temporal de una crisis, más grave hoy que el día antes de las elecciones.

Realmente, contentos sólo están unos pocos que han conseguido sus objetivos más inmediatos; y otros que, de momento, han encontrado un pesebre y un echadero para un ratito.