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RETIRO LO ESCRITO > POR ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Retirada

   

Un líder político puede estar harto de la gestión y abandonarla con cierto aparato escenográfico, pero no resignarse a perder totalmente el poder. Uno de los errores básicos de análisis sobre el poder es su cosificación. Como estableció Michael Foucault, el poder no es una cosa que se tiene, sino una fuerza que se ejerce, y que solo en su continuo ejercicio reticular se preserva. Tomás Padrón, fundador y presidente de la Agrupación Herreña Independiente, decidió no concurrir a las últimas elecciones locales, pero se ha reservado íntegramente toda su influencia y su soberana voluntad fue determinante para la configuración de listas y candidaturas. Ha sido Tomás Padrón quien decidió que Belén Allende encabezara la candidatura de AHI al Cabildo Insular, y lo hizo porque la exparlamentaria no tenía explícitos apoyos en ningún sector del partido (la única belenista es precisamente Allende) y, por tanto, le debía impagablemente su ascensión. Ha sido Tomás Padrón quien impuso a Javier Morales, exvicepresidente del Cabildo y excomisionado de Acción Exterior, cuyo mayor talento político consiste en su actividad de bailarín en la bajada de la Virgen de los Reyes, como candidato al Parlamento de Canarias, porque para el señor Morales Tomás Padrón es el Verbo hecho Hombre y, cuando el hombre quiere, viceversa. Reglamentariamente la AHI debería elegir un nuevo presidente en los próximos meses, pero absolutamente nadie es capaz de avanzar quién será el nuevo príncipe, e incluso, si Padrón no se reservará el derecho de sucederse a sí mismo y constituirse como autoritas, encapsulado en una presidencia vitalicia, bajo la sombra del Garoé.
La oligarquización de los partidos tiene como efecto inmediato la resistencia indomable de sus dirigentes a la merecida jubilación y la refuerza hasta el delirio. O quizás sea al revés. Lo mismo que ocurre en El Hierro puede detectarse en La Palma (Antonio Castro Cordobez lidera su organización desde hace treinta años) o en Fuerteventura (donde el dúo entre Mario Cabrera y José Miguel Barragán controlan un partido supuestamente asambleario desde principios de la década de los noventa). Desde luego, este fenómeno tiene consecuencias indeseables fuera del ámbito de las respectivas organizaciones y en la misma gestión pública. Pero entre sus víctimas se encuentran, igualmente, los propios partidos como proyectos políticos colectivos. Y al respecto no son ajenos las mermas y fracasos de las últimas convocatorias electorales.