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“Si Butch Cassidy viviera hoy, estaría con los indignados”

   

El realizador grancanario Mateo Gil, en pleno rodaje de Blackthorn, que estará en los cines el 1 de julio. | DA

SANTIAGO TOSTE | Santa Cruz de Tenerife

Un viaje por el western que se adentra en la propia esencia del cine. Un itinerario que dibuja un fresco sobre valores y convicciones morales, en un tiempo -el histórico, el actual- donde el bien y el mal están sumidos en la niebla. De todo esto habló el director Mateo Gil (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) con este periódico, a sólo unos días del estreno (1 de julio) de su última película, Blackthorn. Un filme donde nos plantea qué hubiera pasado con el forajido Butch Cassidy, si no hubiera muerto acribillado junto con Sundance Kid, tal y como relató George Roy Hill en Dos hombres y un destino (1969)

-Siempre es cómodo usar etiquetas para explicar el mundo. Blackthorn puede definirse como un western crepuscular, pero, ¿qué es esta película para su director?

“Es un capricho cumplido. Recuerdo que al principio, cuando les decía a compañeros de profesión que estaba metido en un western, se les abrían los ojos como platos y decían: “¿un western? ¿Pero qué dices? Es algo estupendo”. Siempre tenían una reacción muy entusiasta”.

-Butch Cassidy no murió tiroteado en 1908 en Bolivia junto a su amigo Sundance Kid… Así al menos propone esta película. ¿Cómo surge la idea de ahondar en la personalidad de alguien al que se conoce por el mítico Dos hombres y un destino?

“La idea parte precisamente de que hay dudas históricas sobre si eran Butch Cassidy y Sundance Kid quienes murieron en Bolivia. Se dice que también podrían haber sido un norteamericano y un chileno que andaban fugados. Pero además, después hubo rumores de que Cassidy había reaparecido. Su hermana aseguraba que no había muerto allí y que se reunió con él en más de una ocasión, antes de morir serenamente en algún lugar perdido de Estados Unidos”.

-El western ha dado miles de películas y decenas de obras maestras. ¿A qué responde que un periodo tan concreto de la historia despierte tanto interés?

“Tiene que ver con que está íntimamente asociado al desarrollo de la narrativa cinematográfica. Pero además es un género que encaja con una pureza narrativa muy clara. El lenguaje del western se identifica con la narrativa frontal y transparente del cine más clásica. También creo que hay otra faceta interesante: al ser un retrato de cómo se crea una nación, siempre posee un fondo moral o político: habla de la relación del individuo con el entorno o con otros individuos, por eso es una herramienta fantástica para reflexionar sobre cualquier tema, porque puedes plantearlo en términos muy sencillos y, por lo tanto, efectivos a nivel dramático”.

-En un tiempo tan convulso como el actual, de crisis económica y de valores, ¿un rebelde como Cassidy estaría cómodo entre los indignados que ocupan las calles y plazas de toda España?

“Seguro que se encontraría entre ellos. Cassidy tenía fama de Robin Hood, y de hecho se convirtió en un símbolo para el pueblo. Sólo robaba a los grandes, nunca a los humildes. En sus robos había una cuestión ideológica clara, una diferencia que tiene que ver con la moral: la que hay entre robar a los bancos y robar a la gente que va a ellos a dejar sus ahorros. Hay un matiz muy grande. Él robaba a los primeros, que ya desde esa época cometían abusos. Los últimos años de Cassidy coincidieron con el momento en el que los bancos tomaron el poder político, a través de la famosa Reserva Federal. Y lo que nos interesó en esta película fue comparar los dos mundos, el viejo, el de Cassidy y sus principios, y el nuevo, que encarna Eduardo Noriega, que también es un ladrón”.

-Ha trabajado con una personalidad tan versátil como Sam Shepard: actor, guionista, dramaturgo, músico… ¿Tuvo claro desde que comenzó a gestar esta historia que él debería ser Cassidy?

“Él estaba desde el principio en nuestra cabeza. Obviamente, hicimos una lista con varios actores, porque pensábamos que lo más probable es que no nos hicieran ni caso. Aunque sí que tenía la intuición de que este hombre le iba a prestar atención al proyecto porque era un western, porque él ama este género, y además porque le gustan los caballos”.

-¿Cuál será el próximo proyecto cinematográfico de Mateo Gil?

“Aún no lo sé. Estoy un poco perdido y aguardo a estrenar esta película para poder relajarme del todo y comenzar a pensar y a decidir. Sí que cuento con varias ideas, pero todavía no me he decantado por ninguna. Eso también se debe a que la industria vive un momento muy complejo y hay que calcular los pasos que vas a dar. Decidir, por ejemplo, si optas por un proyecto pequeño y financiable en España, o intentas rodar en inglés con un presupuesto mucho mayor”.