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Un aborigen en la corte del dux

   
Juan Manuel García Ramos

Juan Manuel García Ramos recupera “la voz de los vencidos”. / J. GANIVET

SANTIAGO TOSTE | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Un homenaje a la identidad primera; una fórmula literaria que quiere contribuir a dar voz a los vencidos, pero sin caer en la tentación de los maniqueísmos fáciles, y, en definitiva, un canto a la libertad. Juan Manuel García Ramos (La Laguna, 1949) define de esa manera los pasos que ha querido recorrer con la escritura de El guanche en Venecia (Artemisa Ediciones, 2011), la novela que hace apenas unos días presentó en la XXIII Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife. Unos pasos que transitan, casi a la par, con “los pasos perdidos de un canario primitivo en la Italia del Renacimiento”, tal y como figura en la portada del volumen.

“Descubrí esta historia en 1991 -detalla a DIARIO DE AVISOS el Premio Canarias de Literatura de 2006-, cuando era consejero de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y conocí a Antonio Rumeu de Armas, que la mencionaba en su obra La conquista de Tenerife”.

Agostino Barbarigo

En esta obra historiográfica, como explica García Ramos, Antonio Rumeu de Armas (1912-2006) relata episodio -que defienden algunos historiadores- del guanche Bencomo, el mencey de Taoro, que llega a la ciudad-estado italiana en 1497, a manera de presente de los Reyes Católicos al dux veneciano, Agostino Barbarigo.

Un año antes, tras la derrota de los aborígenes tinerfeños por parte de las tropas comandadas por Alonso Fernández de Lugo, son embarcados hacia la Península siete menceyes. La comitiva llega a Cádiz y, desde ahí, recorre Sevilla, Córdoba y La Mancha. En junio de 1496 entran en Almazán, Soria, donde Isabel y Fernando tenían establecida su corte. El embajador veneciano, Francesco Capello, recibe este pintoresco regalo, y con él inicia un largo periplo que incluye Burgos, Barcelona y Valencia.

Desde la ciudad del Turia toman un barco, que les lleva rumbo a Túnez. Ésa será la última escala hasta Venecia, donde arriban el 17 de mayo de 1497. Al parecer, unos días después el guanche participa incluso en el desfile procesional del Corpus Christi. Las autoridades venecianas aluden en sus reuniones al rey de Canarias que fue “apresado en Las Indias”. Los últimos datos que se tienen de Bencomo señalan que el 18 de junio fue llevado a Padua bajo la protección del capitán Fantín de Pésaro, donde, finalmente, “muere de nostalgia”.

“Me resistía a concluir en ese punto las peripecias de este ser humano con una vida tan particular -apunta García Ramos, a quien su labor de documentación le ha llevado a viajar hasta Venecia y Padua-; de manera que, sirviéndome de la historia, pero también de la imaginación, he construido un relato donde las aventuras continúan, e incluso el guanche llega a vencer en Túnez al mismísimo Alonso Fernández de Lugo”. “Con ello he querido simbolizar -agrega el autor- el afán de libertad y el triunfo de los oprimidos sobre los opresores”.
El guanche en Venecia
Al pensar en el choque que debió producirle al mencey instalarse en la Venecia del Renacimiento, es casi inevitable pensar en otra obra literaria, Un yanqui en la corte del Rey Arturo, del norteamericano Mark Twain. “Considero que en este caso ese choque debería ser incluso más acusado -subraya Juan Manuel García Ramos-, pues hablamos de alguien que, desde su retina neolítica, asiste a la época del descubrimiento de América, acude a la corte española y, sobre todo, contempla el deslumbrante ambiente estético, cultural, empresarial… que se vive en una de las cunas del Renacimiento”. “Eso -apostilla-, el viaje que hace un ser humano desde una cueva hasta un palacio, es uno de los aspectos más interesantes que considero que posee esta obra”.

De igual modo, en este desfile de personajes, desde Cristóbal Colón a los Reyes Católicos; desde el dux Agostino Barbarigo a Beatriz de Bobadilla o el propio Alonso Fernández de Lugo, Juan Manuel García Ramos recurre a una tercera persona omnisciente, como fórmula para darle voz a quien no la tiene, a alguien que, por otra parte, también resulta obvio que no conocía la lengua de sus captores.

Creación literaria

“La historia de Canarias está llena de enigmas por desvelar; pero además, también es posible fomentar su conocimiento recurriendo a la creación literaria”, señala el autor tinerfeño, quien considera que “ya es hora de escuchar a quienes fueron derrotados, y también de rendirles homenaje, eso sí, sin maniqueísmos”.

García Ramos sostiene que, precisamente, en esa encrucijada de culturas que describe en este fresco literario es donde “radica la universalidad de nuestro pueblo; y no, en cambio, en los forzados cosmopolitismos”. “Cosmopolitas fuimos desde siempre -expone-, desde la misma fundación del concepto de Atlántico, que surge con la partida de Cristóbal Colón desde Canarias rumbo hacia América”.

“La literatura salva a quien la hace y a quien la lee”, concluye el escritor en su charla con este periódico. Y en este caso, el de El guanche en Venecia, también podemos aventurarnos a afirmar que, de algún modo, también salva a quienes la protagonizan.