X
EL MEGÁFONO > VALLE DE SAN LORENZO (I)

Un barrio de medianías que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos

   

En la transitada carretera general del Valle se concentra la mayor parte de establecimientos comerciales, bares, restaurantes que dan vida a este pueblo. | DA

NICOLÁS DORTA | Arona

Desde un lomo de Túnez se divisa el Valle San Lorenzo, protegido por el enorme roque que lleva su nombre, verde tras el regalo de la lluvia. Es uno de los barrios más poblados y prósperos de Arona. Como en el resto del sur, el crecimiento del Valle ha sido producto de la llegada del turismo a Los Cristianos y Playa de Las Américas. Del turismo afloró la construcción y todo creció mucho en poco tiempo, circunstancia que ahora pasa factura. El Valle no se escapa a este fenómeno y se ha adaptado hasta hoy a una nueva realidad.

La vida gira en torno a su calle principal, la carretera general, llena de coches en constante tránsito. Muchos paran en la gasolinera de Enrique Morales, la Texaco de toda la vida, pues desde hace 45 años lleva poniendo combustible. Era el límite del pueblo. De ahí hacia delante poca cosa había. Ahora el Valle es mucho más grande. En la carretera general se hallan supermercados, el centro de salud, restaurantes, bares, peluquerías, tiendas de moda, ferreterías y hasta una funeraria, entre otros negocios.

“Con el boom turístico nos convertimos en una importante zona comercial de las medianías”. “El suelo y los pisos eran más baratos que en la costa y la gente que trabajaba en el sur compraba en el Valle”, comenta el vecino Pedro Domínguez Melo. “Antes apenas había cuatro negocios y ahora se puede encontrar de todo”, explica. Coincide con Domínguez Melo el dueño de la gasolinera. “Las cosas han cambiado y el Valle creció mucho en una época”, afirma Enrique, mientras muestra el nuevo tren de lavado para los coches.

Fuera de esta calle también hay vida. Se encuentra el campo de fútbol donde juega el equipo del barrio, y justo al lado el terrero de lucha del Chijafe, toda una institución en el deporte vernáculo de la comarca.

Pero si algo abunda en el Valle San Lorenzo, inexplicablemente, son los talleres de coches. Se encuentran a ambos lados de la carretera desde Guaza, Cabo Blanco; barrios vecinos con la misma característica. “Es curioso pero es así”, admite Pedro Domínguez Melo.

A través de una calle perpendicular a la carretera general se llega a la iglesia de San Lorenzo. Frente está el Bar Plaza, regentado por Benigno García que lleva 28 años detrás del mostrador. Es un sitio tranquilo, con conocidos habituados a tomar café y una cerveza. Por la tarde y la noche “se utiliza más la plancha”, afirma el dueño.

Cuenta Benigno que la iglesia de San Lorenzo, en honor a su patrón, se construyó entre 1934 y 1935 y muestra una foto de aquella época. “La primera teja se trajo de la Fuente del Valle, donde los vecinos iban a buscar agua”, dice. El material lo cargó María García, la abuela de Benigno. Los vecinos contribuyeron a levantar el templo donde se halla La Virgen de Fátima, San Lorenzo y la Virgen de La Encarnación. En mayo y en agosto se rinde tributo a los santos con romería y fiesta.

Benigno García regenta el Bar Plaza, frente a la Iglesia de San Lorenzo. | DA

Llega al bar Juana Delgado, la madre de Benigno. Dice que antes el negocio era un empaquetado de tomates. “Aquí no había nada”, dice, sólo higueras y tabaco. El cultivo del tabaco fue característico en la zona a partir de 1926. “Antes esto eran llanos de tabaco, lo desojaban y lo llevaban para el Valle de Güímar”, comenta el dueño del Bar Plaza. “El tabaco se cultivaba aquí mucho”, no había demasiadas opciones explica. “Han hecho demasiado edificio”, se lamenta su madre. El cine San Lorenzo ya no existe, tampoco vienen las barqueras de Los Cristianos a cambiar pescado por papas.