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Un mural para la controversia

   

Gonzalo Díaz y Gervasio Arturo Cabrera, junto a la obra de este último en la Sala Conca. / JAVIER GANIVET

J. F. J. | La Laguna

“No hay ánimo de ofender a nadie. Es sólo una obra que responde a un momento puntual de inspiración. Quien conoce mi trayectoria sabe que hay una parte erótica, pero siempre desde el máximo respeto”.

Así describe el artista Gervasio Arturo Cabrera el mural que ha pintado en la puerta del garaje de la sala de arte Conca, en el número 21 de la céntrica plaza de la Concepción, y al que el área municipal de Patrimonio Histórico ha abierto expediente, por considerar que ha existido una infracción “de carácter grave” por parte de sus responsables.

El director de la sala, Gonzalo Díaz, es optimista con el desenlace de esta controversia artística, ya que, con el mural anterior, realizado por Hugo Pitti, también fue apercibido por el Consistorio lagunero. Sin embargo, al tratarse de una composición artística convenientemente firmada y fechada, nunca pudo ser eliminada. Este es precisamente uno de los puntos en los que se apoyan las alegaciones presentadas ahora por la dirección de sala de arte ante la Gerencia de Urbanismo lagunera.

Sin licencia de obra

La nueva creación ha sido realizada en grafito, “en clara sintonía cromática con los colores tradicionales de la fachada del edificio, blanco y gris”, argumenta la propiedad. Patrimonio, en cambio, entiende que este tipo de intervenciones exige una licencia de obra y califica de “agravante” la continuación de los trabajos tras un primer apercibimiento por parte de los servicios de inspección.

Alega el Ayuntamiento lagunero, además, que el mural se ha llevado a cabo en una vivienda incluida en el catálogo de edificaciones protegidas, y que este tipo de intervenciones está regulada por el vigente Plan Especial de Protección del conjunto histórico. El autor se muestra sorprendido por la reacción de la Administración local, sobre todo tras comprobar, asegura, que “por lo demás, todo han sido felicitaciones. Nadie ha venido a quejarse, todo lo contrario”, subraya.

Cuenta Cabrera que tardó catorce días en realizar el dibujo, un periodo que coincidió con la pasada Semana Santa. Por ello, y con el objeto de no molestar a los fieles asistentes a las distintas procesiones, durante esos días optó por cubrir con un paño las partes íntimas de los distintos personajes que aparecen en el mural, “un hombre recién levantado de la cama y dos musas desnudas”, describe.

Ni Cabrera ni Gonzalo Díaz tienen constancia, en cualquier caso, de queja alguna por parte del Obispado.

Aunque no terminan de tener claro si lo que no gusta en el Ayuntamiento es la falta de licencia de obra o, realmente, la carga transgresora que transmite el controvertido mural. Lo que sí tienen claro es que la obra tiene una voluntad duradera y que, salvo causa mayor, en ningún caso accederán a su modificación. Por lo pronto, ya se ha convertido en uno de los elementos más fotografiados de la zona. Es raro el transeúnte que aún no haya reparado en ella.