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Un parto difícil

   

Las negociaciones políticas entre Coalición Canaria y el Partido Socialista (PSC-PSOE) han sido intensas (casi diarias), correctas y con un espíritu colaborador, como hacía lustros no se respiraba entre ambas fuerzas. Que Paulino Rivero y José Miguel Pérez hayan establecido una relación franca y sincera ha servido a sus segundos para dedicar todos los esfuerzos a redactar un grueso catálogo programático para cuatro años y olvidar tensiones y cantos de sirena (especialmente provenientes del PP).

No ha sido éste un parto fácil. En sus pocos días de vida, el acuerdo de Gobierno ya ha sufrido desgastes de cierta intensidad en La Palma, El Hierro, Gran Canaria y Lanzarote. Por ejemplo, la rebelión socialista en La Palma, que desoyó las consignas de la Federal y se lanzó en masa a los brazos del PP. Los nacionalistas también tienen su cuota de disidentes en Gran Canaria, tanto en La Aldea como en el Cabildo. En esa Isla suscribieron un pacto con el PP que, una vez se estableció el puente entre Rivero y José Miguel Pérez, fueron incapaces de deshacer y apoyaron a Bravo de Laguna. Para el PSOE recuperar esa institución es fundamental y juegan con ventaja: el PP firmó un pacto para el Cabildo de Tenerife pero Aurelio Abreu rompió con Antonio Alarcó y, disciplinadamente, ofreció su apoyo a Ricardo Melchior. Hay fuegos en Lanzarote y en El Hierro, donde CC en Frontera se ha salido del tiesto y ha pactado con el PP.

Todas esas fisuras parecen no haber afectado a la estructura fundamental del pacto, por el momento. El documento suscrito entre ambas fuerzas también contiene una cláusula venenosa: el compromiso de revertir todos esos incumplimientos en La Palma, El Hierro, Gran Canaria y Lanzarote.

Sus autores fueron suficientemente inteligentes como para no fijar fecha, conscientes de que, si lo hubieran hecho, habrían marcado la caducidad del propio pacto. Ahora ha llegado el momento del reparto de carteras. De una primera lectura se desprende que el Gobierno sufrirá una profunda transformación en sus áreas, como, probablemente, no había ocurrido en los últimos 30 años. osé Miguel Pérez asumirá de su mano Educación, aunque los fondos con que contará los decidirá un nacionalista.

Carteras de mucho calado presupuestario siguen sin titular, como Obras, lo mismo que otras de mayor peso ideológico (como Seguridad).

Falta saber cómo se premiará a los nacionalistas palmeros (huérfanos de poder local) y si se castigará a los indisciplinados socialistas de esa Isla (que, por ejemplo, ni estarán en la Mesa del Parlamento). No ha sido un inicio sencillo y muchos son los asuntos pendientes (desempleo y REF, por ejemplo) que necesitan la mayor unidad y estabilidad posible.