X
EL MEGÁFONO > EL PRIS (III)

Una carrera que no ha terminado

   

GABRIELA GULESSERIAN | TACORONTE

El barrio de El Pris ofrece algo más que un buen baño de mar y el placer de disfrutar del pescado fresco, gracias a las pericias y muchas veces riesgos de los pescadores de la zona. La práctica de determinados deportes como la pesca deportiva, la motonáutica y el esquí, también conforman parte de la oferta de este pueblo de la costa de Tacoronte. Incluso, esta última modalidad deportiva, que ha proporcionado en los últimos años muchos y notables éxitos a Tenerife, nace en el barrio gracias al Club Motonáutico El Prix.

Aunque no todos los socios son vecinos del lugar, consideran a El Pris casi como su segundo hogar. Allí pasan muchos fines de semana y en ocasiones, veranos enteros para entregarse por completo a su máxima afición.

El club fue fundado hace 36 años, en 1975 para ser exactos, cuando diez personas se unieron por su amor al mar y a las embarcaciones deportivas y construyeron una rampa para poder echar los barcos. Ello también conllevó a una ampliación del muro que les permitiera pasar los coches y se añadió una grúa. Actualmente son 80 socios y no sólo de Tacoronte, sino también de El Sauzal, La Victoria, La Matanza de Acentejo y La Laguna.

La sede del club está ubicada en la avenida principal de El Pris. | M. PÉREZ

El Prix., aclara su presidente y uno de los socios fundadores, Benito Expósito González, es un club deportivo y por lo tanto no puede tener beneficios ni ganancias de ningún tipo, todo el dinero recaudado a través de la cuota de los socios tiene que ser invertido en la institución.

En su parte más social y en los inicios, el club se dedicó a la pesca deportiva. Años después su fuerte fue la motonáutica y ahora mismo lo es el esquí náutico, en el que han conseguido reconocimientos importantes. Por eso, subraya, El Prix puede vanagloriarse de muchas cosas, como un quinto puesto en el campeonato del mundo.

Mientras la motonáutica re-quiere mucha práctica, el esquí exige una preparación física fuerte, tanto en el agua como fuera, sobre todo en piernas y brazos. En ocasiones, se corren hasta 50 minutos en el mar a una velocidad de 60/70 millas. “Es como ir volando en el agua”, ejemplifica el presidente. Además, añade, el esquiador tiene que ser parte de un equipo “muy bien coordinado”, integrado por el piloto y un observador, que se ubica siempre en dirección opuesta hacia atrás, para ver las necesidades del primero y controlar la velocidad.

Estrato social determinado

Cada embarcación cuesta alrededor de 100.000 euros. Quizás por eso, este deporte se asocia a un estrato social determinado y con un alto poder adquisitivo. Pero hay personas, recalca el presidente, que “están todo el año trabajando para poder satisfacer este ocio que, en realidad, debido al clima y a las condiciones del mar en la zona, sólo puede practicarse los tres meses de verano”.

No obstante, gracias a que las previsiones se pueden consultar por internet se programan o suspender actividades. En cualquier caso, Expósito dice que a los deportistas “no les importa el estado en el que esté el mar, porque en realidad, el problema real es la botadura del barco”. Por este motivo, y para hacer frente a esta dificultad, piden un refugio, igual que los pescadores, un lugar donde pueda entrar la embarcación y llegar la grúa “sin que se le venga una ola encima”.

También hay otros mitos que se encarga de desterrar, como por ejemplo, que hay más hombres que mujeres.”Ahora mismo, hay más varones, pero hay cuatro que compiten en la categoría de Féminas y el mismo número en Infantiles”, precisa.

A pesar de los esfuerzos que requiere, a lo que se suma el alto coste de mantener las embarcaciones, tanto el esquí como la motonáutica son deportes que “no tienen casi ninguna recompensa, ni mediática ni por parte de las instituciones, y tampoco cuentan con subvenciones y apoyos como otras disciplinas”, como por ejemplo, el fútbol o el baloncesto. Esta realidad, dice Benito Expósito, es la parte más dura y en la que todos tienen que seguir trabajando porque la carrera aún no ha terminado. Y como buenos deportistas, pero sin marcarse plazos, están seguros de que van a conseguirlo.