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POR MANUEL LUIS RAMOS GARCÍA >

Verdad sobre la iglesia de Alcalá

   

En estos tiempos de indignados, nos sumamos un grupo de vecinos de buena fe e intenciones que nos sentimos también indignados, pero no por unas causas tan serias como las de los otros indignados que a diario salen en las noticias, víctimas de una realidad económica brutal que actualmente sacude todo el mundo. Nosotros nos sentimos indignados por otro tipo de razones más banales, razones más humanas, y evidentemente mucho menos serias que la de los otros. Nuestra indignación es por una manipulación de la verdad a la que se ha sometido al pueblo de Alcalá sobre un tema tan serio e importante, para su identidad como pueblo, como lo es “qué hacer con el futuro de su iglesia”. Han manipulado toda la información, y por unos intereses que desconocemos, han planteado al pueblo que la única alternativa que existía para tener una iglesia digna era la la demolición de la actual, por un “riesgo inminente de derrumbe y por la imposibilidad total de restauración de la actual iglesia, por una serie de razones técnicas”. Al final, ha resultado que todo esto es una ridícula mentira.

Alcalá tiene la virtud de ser un modesto pueblo de pescadores del Sur de Tenerife que, en su origen, fue de pescadores, y que siempre ha seguido con orgulloso cualquier cosa que tenga que ver con sus orígenes, pero en contra tenemos que somos un poco lentos a la hora de reivindicar aquello por lo que debemos luchar, cuando nos sentimos atacados… Ahora, ha pasado lo mismo.

Hace aproximadamente 6 u 8 años, un grupo de vecinos muy serios y representativo del pueblo decide emprender un proyecto encaminado a tener una iglesia digna, y a raíz de varias reuniones entre ellos, deciden entre las diferentes alternativas iniciales que sólo hay una única opción: la construcción de una gran iglesia en la misma ubicación de la actual, y ello implicando esta solución la demolición de la antigua iglesia. La otra alternativa, de restauración y ampliación de la actual, se descarta, aludiendo razones de carácter técnico, tales como “los antiguos muros de piedra y barro hacen imposible su restauración”, o que “el techo está en estado lamentable, con un riesgo inminente de derrumbe”. Ahí empieza la gran mentira, la manipulación de la verdad. Con el paso de los años, esta gente mueve su proyecto en las diferentes instituciones, y avanza hasta el punto de que vemos que un día se cierra la iglesia, se traslada el culto a otro lugar, y unos años después, de repente un día, vemos un vallado de obra, y unas máquinas que vienen a demoler. Éste es otro de los errores de mi pueblo: somos de respuesta muy lenta cuando debemos defender nuestras cosas.

En ese momento, tarde, pero, aunque tarde, creo que tenemos derecho, y creo que vale la pena intentarlo, en apenas unos días nos reunimos un grupo de vecinos para estudiar este tema y comprobar si efectivamente no hay ninguna otra alternativa a la de la demolición y obra nueva. En este grupo, que ha estado liderado por un representativo del pueblo, donde además está la presencia de dos arquitectos técnicos, que han hecho su valoración técnico-económica de la situación, hemos dado los siguientes pasos: en primer lugar, hemos solicitado una reunión con la gente que dirige la alternativa de nuevo edificio proyecto, y muy amablemente nos han explicado a dos personas de nuestro grupo todo lo que quisimos preguntar sobre el tema: en esa reunión estaba un grupo de vecinos, el señor cura y el arquitecto del proyecto. Le preguntamos al arquitecto cuáles son las razones de la demolición: nos contesta que es un edificio sin valor histórico ni patrimonial alguno, y por tanto, no vale la pena restaurarlo porque el edificio no vale nada. A ello le contestamos que, desde ese punto de vista, el valor evidentemente es nulo, pero el valor que defendemos es un valor sentimental: para la gente de Alcalá eso vale más que las pirámides de Egipto, y eso sólo se entiende si eres alcalanero.
Además de las razones de valor patrimonial nulo, le preguntamos cuáles son las razones técnicas: me lee un informe pericial del año 2006 donde habla de las carencias técnicas que tiene el techo del edificio, por la mala construcción y el mal estado de la madera.

Sabemos, y siempre hemos sabido, que el techo está en muy mal estado, y que hay que cambiarlo. Preguntamos si además del techo hay algún otro problema estructural grave, y dice que no, que las paredes no tienen problema grave alguno, y que el pequeño daño que puedan tener se puede resolver con una pequeña restauración, con múltiples soluciones técnicas. Fue una charla amena y clara entre arquitecto y arquitecto técnico. Como conclusión, el edificio era perfectamente restaurable, pero por razones de otro tipo, desconocidas, esa alternativa nunca se planteó.

Nosotros, desde el principio, sólo planteábamos un objetivo: que el pueblo de Alcalá conozca la verdad, y que con ella decida entre las dos alternativas realmente posibles. El grupo que representamos y narra esta historia siempre ha actuado de buena fe y con transparencia. Sólo queríamos que el pueblo fuese informado de que existían dos alternativas, y no sólo una, que era por la única que se lleva trabajando estos años. Una vez que nos hemos empezado a organizar solicitamos que las obras de demolición de la vieja iglesia se paralizasen unos días. Se nos prometió que las obras no se reanudarían, como mínimo, hasta después de la reunión que mantendríamos con ellos la noche de ese martes. Pero la realidad es que en cuanto nos hemos organizado un poco, y hemos movido sólo algunos hilos, hemos visto que se han puesto muy nerviosos y, de repente, el compromiso de paralizar las obras que teníamos lo han incumplido, y desde anteayer, a primera hora, han reanudado los trabajos, y ayer tarde, a las ocho (quisiera saber si esa obra tiene horario para trabajar en ese horario, menudas prisas), ya la antigua iglesia de Alcalá era historia.

Ya habían destrozada la otra alternativa, con miedo a que la gente la eligiese como nueva. La denuncia que hacemos es la siguiente: lo que plantean es una obra que desde el punto de vista financiero, en los tiempos actuales, es una barbaridad: una obra de más de dos millones y medio de euros, que supuestamente se autofinancia con una permuta…

Y para la solución que planteábamos nosotros, conservando nuestra antigua iglesia…, era suficiente con medio millón de euros. Además, hablan de unos inversores desconocidos que van a comprar unos locales a un precio disparatado, y que son ésos los que lo van a pagar todo: no se han fijado que enfrente tienen un edificio comercial nuevo, recién acabado, con todos los locales prácticamente vacíos… Esto, la verdad, suena a algo un poco irreal.

Bueno, con esto, sólo quiero que el pueblo de Alcalá conozca un poco la verdad sobre este asunto, y sobre todo que, de cara a la posteridad, hubo un grupo que en su día, sólo en cuatro días, trató de organizar un poco esta mentira, defendernos un poco, y plantearle al pueblo una verdad, que nunca nos dejaron mostrar.
Siento mucho, esto por el pueblo de Alcalá, no poder mostrar a mis hijas y a mis nietos las señas que identifican mi pueblo. Agradecemos el apoyo a todos los que han tenido la paciencia de informarse sobre este acontecimiento, y lo lamentamos profundamente.