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LA COLUMNA > POR MANUEL IGLESIAS

Volver al liderazgo y a la ética social

   

Se ha constituido el Parlamento de Canarias en un ambiente de normalidad, porque los gritos exteriores de algunos grupos ya se han convertido en parte de esa normalidad del ambiente político en las Islas, que se acoge con otra normalidad, la surrealista, que tiene el acontecer en el Archipiélago.

Antonio Castro vuelve a ser el presidente de la Cámara, y es el primer presidente que repite mandato elegido por sus pares, con 58 sufragios a su favor de 60 posibles, el más alto que ha tenido nunca quien haya ocupado ese cargo. No se votó a sí mismo y la otra abstención la protagonizó el diputado herreño, Javier Morales, de AHI, en una decisión innecesaria y de poca talla que no ha dado a ganar nada que ya no tuvieran y, en cambio, los sitúa en el campo de de las mezquindades. Más notoria por cuanto el político palmero ha sido de los que más ha apoyado siempre a los herreños.

Contrasta el ejemplo del PP, cuyos parlamentarios, pese a los desacuerdos con Coalición Canaria, votaron de forma unánime el respaldo a la persona de Castro, lo mismo que hicieron los diputados de Nueva Canaria, ambos grupos sabiendo separar lo que son los desacuerdos políticos con el respaldo a una política sin sectarismos en el Parlamento.

Antonio Castro es el primer presidente del Parlamento nacido en La Palma, aunque no procedente de esa Isla, puesto que Gabriel Mato, aunque no nació allí, fue diputado insular por el PP y ocupó antes igual cargo. En cualquier caso, Castro ya era un referente histórico.

No es malo que el presidente del Parlamento sea alguien que ya tiene experiencia en la institución, porque ésta posee dos frentes, uno el externo, el de de los diputados y sus rifirrafes políticos, y otro el interno, el del funcionamiento de una institución con mucho personal, llena de papeleo y de actividad oculta en comisiones y plenos, lo que Antonio Castro ha logrado ir reordenando en los últimos años, después de que en etapas anteriores, dicen, estuviera minada por padrinazgos políticos varios. Para que esta institución sea útil a los canarios, ha de funcionar muy bien de puertas para adentro y eso es de esperar que se lo siga proporcionando la continuidad en la dirección.

Lo que depare el futuro para el Parlamento aún está por ver. Los actuales diputados tienen que salir de la burbuja autista en que se ha metido la clase política, uno de cuyos síntomas es la incapacidad de reaccionar a los que se escucha en la calle. Deben ser capaces de defenderse a sí mismos y al sistema democrático del que forman parte y explicarlo muy bien ante los ciudadanos, sin que el Parlamento sea sólo un campo de lucha partidista en el que más que las ideas prima el rechazo al adversario y la manipulación. Hay que volver a la política como ética social y como modelo de un liderazgo cívico, que es la mejor réplica ante las demandas que se plantean y que piden respuesta.