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ANÁLISIS > POR RAMÓN TRUJILLO

Voto y rendición

   

Detrás del voto en blanco y del voto nulo deliberado hay muchas motivaciones diferentes pero, obviamente, hay un rechazo a lo que ofrecen y a lo que son los distintos partidos políticos. Hay un desencanto con la política real. Sin embargo, el voto en blanco y el voto nulo deliberado son una forma de protesta ante la que los tres grandes partidos esbozan una ancha sonrisa. Pues los tres grandes responsables de nuestras deficiencias democráticas saben que los votos nulos y en blanco no les hacen el más mínimo daño a ellos, pero, sin embargo, sí desactivan una parte del apoyo de la ciudadanía crítica a sus adversarios de formaciones minoritarias. En la práctica, los votos nulos y en blanco ayudan a que todo siga igual. El voto da la posibilidad de transformar la protesta en acción institucional. El voto a opciones críticas puede ayudar a construir un espacio político más justo y más democrático y, asimismo, reforzar los esfuerzos de movimientos sociales y sindicatos para mejorar las condiciones de vida. Renunciar al potencial de transformación inherente al voto me parece una auténtica irresponsabilidad. Es obvio que la formación política perfecta no existe. Pero la política se hace con lo que uno quiere y con lo que la realidad le permite, sin aceptar que lo que uno quiere niegue la realidad, ni que la realidad niegue lo que uno quiere. Si uno se atrinchera en la perfección de sus ideales encontrará motivos para no apoyar ni a partidos imperfectos, ni a sindicatos imperfectos, ni a movimientos sociales imperfectos. Pero nos privaremos de herramientas absolutamente insustituibles para la mejora social e, implícitamente, favoreceremos que la realidad sea aún más imperfecta, o más injusta. Ni una sola mejora social ha sido producida en ningún lugar del mundo por el voto en blanco o por el voto nulo. Ni una. Creo que cada vez que se emite un voto en blanco, o un voto nulo deliberado, se firma una rendición incondicional en la lucha por devolver a la ciudadanía sus instituciones. Y, por supuesto, quienes han confiscado importantes aspectos de nuestro sistema democrático sólo pueden alegrarse de que muchos ciudadanos críticos no voten en rojo y se hagan el harakiri en relación con las instituciones. El voto en blanco tiene la peculiaridad de ser considerado voto válido. Por ello, si entendemos el voto en blanco como protesta contra el funcionamiento de nuestro sistema político, es importante entender que esa forma de protesta no se suma a las que realizan, en otros ámbitos, otras personas, sino que, por el contrario, las combate. La gente progresista que emite un voto en blanco está luchando contra otras personas progresistas y beneficiando a aquellos a los que ingenuamente creen combatir. Un ejemplo de lo anterior se ha producido en La Orotava. Al computarse como votos válidos los votos en blanco ello hizo que el total de votos para llegar al 5% aumentara y que, por tal motivo, Izquierda Unida perdiera su concejal por cuatro votos. El voto en blanco benefició a CC y perjudicó a quienes quieren hacer las instituciones más democráticas y menos interferidas por el poder del dinero. Es más, curiosamente, a veces escuchamos a quienes abogan por el voto en blanco, o por el voto nulo, reclamar la unidad de la izquierda, precisamente cuando sus actos la dañan. Es una paradoja que una parte de la izquierda combata a otra y luego reclame la unidad. Una paradoja que, como el mito de Sísifo, se repite una y otra vez. Necesitamos reflexionar más sobre las consecuencias de nuestros propios actos.

*Coordinador de Izquierda Unida en Tenerife