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EL MEGÁFONO > VALLE DE SAN LORENZO (I)

“Ya no quedan herreros”

   

José Díaz en una de las mesas del Centro de Mayores. | DA

NICOLÁS DORTA | Arona

En una gaveta del Centro de Mayores del Valle San Lorenzo José Díaz guarda varias fotografías envueltas en papel de periódico. Una de ellas muestra una piedra de molino que funciona con electricidad. El pequeño motor incorporado a su mecanismo es obra suya. Le apasiona este aparato electrónico que permite a la piedra afilar cuchillos con más facilidad sin necesidad de que alguien gaste energías con el brazo.

José Díaz aprendió a ser herrero porque lo heredó de su familia. Nació el 9 de diciembre de 1922, hace 88 años y se lamenta que ya no quede gente que trabaje en el oficio. “Hacíamos de todo, herraduras, rejas, tuberías”, dice. Cuando el Palm Mar comenzó a necesitar tuberías este señor se quedó a vivir 36 años.

Ahora pasa la vida en este centro de mayores ubicado en la avenida principal, con una baraja de cartas en la mano y un vaso de vino blanco. “El médico me dijo que me podía tomar como máximo tres al día”, apunta. En el Valle hay una calle que se llama Toscal de Los Herreros. Ahí acaba el pueblo.

José se entretiene pensando en cómo hacer funcionar el molino y le gusta contarlo, enseñar fotografías donde se aprecian otros arreglos de herramientas para trabajar en el hierro. También le gusta hablar de sus jornadas de cacería en La Gomera. El lado del terrero del Chijafe hay una asociación de cazadores. El tiempo pasa y para esta persona “todo ha cambiado”.

También José echa de menos los bailes. “El Valle era un pueblo muy divertido, había bailes en salones, ahora las cosas son diferentes” y confiesa que nunca se casó, aunque no por falta de oportunidades. “Las tuve”, relata.

El secreto para poder mantenerse en esta forma es “comer de todo” y darle a las cosas la importancia justa, no preocuparse demasiado. Esto se ve en los ojos azules de José, quien sólo necesita un bastón para recuperarse de un pequeño tropiezo en una escalera.

En el Centro de Mayores del Valle encuentran otros compañeros que pasan las horas de la jugando al dominó. Fuera hay tertulia matutina. Se sientan en la entrada a hablar de sus cosas mientras otros siguen repartiendo las fichas en una de las mesas del amplio salón.

El centro cultural es uno de los lugares más importantes de la vida social del barrio. | DA

Hacia abajo, entre las calles perpendiculares a la avenida principal se encuentra el Centro Cultural de Valle. Hace más de 20 años años que Margarita Mesa limpia este edificio que recientemente ha sido reformado y dispone de un gran auditorio. Prefiere limpiar sola “por costumbre”, dice.

En la entrada hay un tablón de anuncios con folletos donde se pueden consultar actividades. “Va gente a corte y confección”, explica Margarita. También hay idiomas, talleres de baile, folclore, guitarra, exposiciones, conciertos, charlas y cursos. Este centro cultural ha sido reformado y es uno de los lugares más importantes para la vida social del barrio.