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“Yo estoy seguro de que el poder quiere borregos”

   

Angel Lafuente Zorrilla tiene una dilatada experiencia en los medios de comunicación. | DA

SANTY TORRES | Santa Cruz de Tenerife

Ángel Lafuente Zorrilla ha llegado a la Isla con motivo del III TEDxCanarias, una cita dedicada a los emprendedores. El entrevistado es un experto en oratoria y, desde 1960, imparte cursos en los que enseña a hablar en público a través de un método único creado por él mismo.

-¿En qué consiste su revolucionario método?

“Mi disciplina, que se diferencia de todo lo que hay en el mundo, la elaboré a partir de un horrible y patológico miedo escénico que yo sufría. Lo que yo hago es conducir al alumno a su máxima seguridad personal, y para ello hay que llevarlo a la construcción de una personalidad imbatible, porque hablamos tal y como somos. De una persona segura de sí misma procede una palabra que arrastra, que convence y que vende”.

-¿Hablamos bien los españoles?

“Muy mal. Es una miseria lo mal que habla todo el mundo. Pero no sólo los españoles, sino todos los demás habitantes del planeta. Algunos dicen que los americanos, los ingleses y los franceses hablan mejor porque desde los primeros niveles de formación les sacan a actuar en público, y es cierto, pero no entran en la psicología, por lo que llega un momento en el que aparece el miedo escénico. Por otra parte, hay que desmitificar la comunicación. No hay que nacer con unas cualidades especiales para ser un buen orador. Es más, yo digo que todo el mundo puede convertirse en un magnífico orador y de una forma francamente sencilla”.

-¿Algún consejo?

“Mi primer consejo es que la persona se quiera como a nada y como a nadie en el mundo. Él debe entender que es la persona más sagrada que existe bajo la capa del cielo. El miedo escénico es una falta de respeto imperdonable contra uno mismo. Él o ella es la persona más digna de ser comprendida y tolerada. Pero claro, ese pensamiento en la ca beza no sirve para nada, esta idea hay que llevarla al corazón, sentirla, y cuando lo haces, tu capacidad de comunicar mejora radicalmente. También hay que tener en cuenta que todos somos absolutamente iguales en dignidad; por tanto, no podemos tener miedo a nadie. El miedo es absurdo. Para combatirlo, mi curso enseña cómo vivir y luchar en la vida siendo uno mismo”.

-¿Cómo ve la oratoria en la clase política? ¿Es un diálogo de sordos?

“Salvo algunas excepciones contadas, es absolutamente nefasta. Se habla muy mal, pero la culpa no la tiene ni la clase política, ni los profesores, ni los locutores, etcétera. El fallo está en el sistema, que no nos enseña a comunicar. Yo estoy seguro, y así lo llevo denunciando, que el poder quiere borregos. El poder intuye que, si dotamos del dominio de la palabra al pueblo, ese pueblo no va a estar a lo políticamente correcto ni al pensamiento único, sino que va a ser libre de opinión, y eso les asusta. En este mundo no hay nadie que dialogue, y en España, en concreto, no dialoga nadie: ni padres con hijos, ni en parejas, ni superiores con subordinados. Y el espectáculo de la clase política es horrible. A ningún político le interesa el discurso del otro. Nadie está dispuesto a descubrir que quizá el otro tiene razón. Sin embargo, la verdad total no va existir nunca, y hay que estar siempre abiertos”.

-¿Qué opinión le merecen las tertulias televisivas?

“Muchas veces me irritan porque no hay posiciones de diálogo en la mayoría de los casos. No hay por donde cogerlas y lo peor es que dan un mal ejemplo al pueblo”.

-¿Cree que el laísmo es el gran mal televisivo?

“No creo que haya un mayor fallo en televisión o en radio. Creo que es más bien un error regional, pero no le doy demasiada importancia. ¡Bendito laísmo si me permite comunicar! La finalidad no es hablar bonito, sino comunicar bien. Estamos para comunicar y la Academia de la Lengua está al servicio de la comunicación, no al revés”.