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“Nunca pensé dejar mi trabajo por la familia”

INMA MARTOS | SANTA CRUZ DE TENERIFE

“Desde que era estudiante proyecté mi vida privada para poder hacer lo que más me gusta que es investigar”. Teresa Giráldez cree que “hay que tenerlo claro e ir a por ello, y me aseguré de que el hombre con el que me casaba lo comprendiera y formáramos un equipo”. Teresa es hija del catedrático de Genética de la Universidad de Oviedo, Ramón Giráldez.

En Biofísica, departamento del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria en donde esta asturiana de 38 años trabaja como investigadora hay pocas mujeres, “si hay que renunciar al trabajo por la pareja o la familia, siempre es la mujer quien lo hace”, comenta. Ella tiene dos hijos y asegura que si puede arañar un poco más de tiempo a su vida familiar en favor de su investigación lo hace, a pesar de que en ocasiones le ha valido las críticas de familiares u otras personas, “porque me apasiona mi trabajo”. Teresa explica que “no es fácil pero se puede hacer, y ése es el mensaje que hay que dar a las futuras generaciones.

La doctora biofísica admite que el número de mujeres en los altos cargos de responsabilidad es muy bajo en relación con el gran número de estudiantes femeninas que hay, pero cree que se puede conseguir la igualdad a través del trabajo y sin echarse atrás. Tanto a sus hijas como a las estudiantes que están a su cargo intenta transmitirles este mensaje.

Premios

La doctora Giráldez recogió en Murcia el galardón SBE Izasa Beckman-Coulter otorgado por la Sociedad de Biofísica de España a su trayectoria investigadora por su contribución al estudio de canales iónicos implicados en las enfermedades degenerativas y por el desarrollo de nuevas técnicas para su estudio. Este premio se suma a otro, que se le concedió en 2008 por parte de la Sociedad de Biofísica de Estados Unidos que reconoce el trabajo de mujeres investigadoras con un futuro prometedor. Teresa es la primera investigadora de un centro español en recibir este premio, el Margaret Oakley Dayhoff. Además, en 2009 fue una de las cinco ganadoras de la IV edición del programa L’Oréal-UNESCO en la también cuarta edición de las Bolsas de Investigación.

Diferentes

“Hombres y mujeres tenemos formas muy diferentes de trabajar”, afirma. “Las mujeres nos caracterizamos por la serenidad y la constancia y por ser menos impulsivas en la investigación, somos hormiguitas, mucho más cuidadosas”. Con resignación manifiesta que “me cuesta conseguir que los estudiantes masculinos lleven el cuaderno de laboratorio con todo recogido”.

A pesar de que sus colegas son casi todo hombres, dice que no ha visto demasiado machismo, “solo en casos y personas puntuales. Al menos yo no lo he vivido”.

Si para la mujer ya es difícil conseguir ciertas metas laborales por causa de la desigualdad de género, en el ámbito de la investigación se suman las dificultades del propio sistema. Para Teresa Giráldez con la ciencia pasa lo mismo que con la pescadilla que se muerde la cola. En el sistema público se está haciendo muy difícil conseguir proyectos de investigación y por lo general los centros que lo consiguen son los más prestigiosos. En el ámbito privado existen muy pocas empresas que hagan I+D.

Investigación

Teresa comenzó su andadura profesional en la Universidad de Yale en los Estados Unidos, tras su doctorado de Bioquímica en Oviedo. En la actualidad es líder de su grupo de investigación que trabaja con moléculas que están implicadas en la actividad eléctrica de las células que son las neuronas, el músculo y el corazón. El análisis que les ocupa está basado en dos moléculas que están implicadas en enfermedades neurodegenerativas, en concreto el parkinson y la epilepsia, aunque también en otras como la muerte súbita o la diabetes neonatal. Se trata de encontrar “la relación que tienen esas moléculas con el origen de las enfermedades que aun es desconocido. Pero eso es sólo la base”, sostiene.

En ambas patologías lo que ocurre es que existe una desregulación de la actividad eléctrica que es la responsable de los procesos de comunicación entre las neuronas. Las neuronas producen potenciales de acción de una forma específica y en estos casos se desregulan y se sobreexitan con la consiguiente pérdida de la capacidad de controla su propia actividad. “En el corazón sería equivalente a padecer una arritmia”, aclara.

“Los canales iónicos son la base de muchas enfermedades y se intuye que también pueda ser el origen del parkinson y la epilepsia, junto con otras causas”. En realidad, manifiesta que “no es que hayamos hecho un avance en el conocimiento, sino en el modo de estudio y eso abre muchas puertas para un futuro”, afirma Teresa Giráldez al exponer sus argumentos.

La asturiana, fiel al principio de participación y solidaridad entre científicos, asegura que “necesitaré la ayuda de la comunidad científica porque la ciencia es como una escalera, el de arriba le da la mano al de abajo y se trata de que entre todos se llegue al objetivo”.