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Acabar con la burocracia ilógica

   

El presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, ha puesto el primer gran cascabel de su recién inaugurada segunda legislatura: acabar con la “burocracia ilógica”. Esta declaración de intenciones puede convertirse en la gran revolución administrativa que necesitan las Islas y, especialmente, la actual crisis económica, muchos de cuyos escasos recursos se derivan a mantener una estructura gigantesca, a todas luces desfasa, carente de operatividad y sin empuje.

Canarias cuenta con casi 130.000 funcionarios públicos, casi 62.000 de ellos adscritos a la comunidad autónoma. Uno de cada cinco personas con un empleo en el Archipiélago es empleado público, según la Encuesta de Población Activa.

Para hacernos una idea de la dimensión que supone en las Islas la Administración, en el comercio, en sus diferentes versiones, trabajan en las Islas 153.640 personas, 148.00 en la hostelería y los empleados por cuenta ajena son un total de 128.730. El propio Banco de España ha advertido que, mientras el sector privado ha perdido 229.000 puestos de trabajo respecto a 2010, el entramado público ha seguido creciendo y ha ganado 98.000 efectivos en todo el país. Tan increíble como inasumible.
“Es prioritario el control radical del gasto en el capítulo 1 (personal) de la comunidad autónoma, cabildos y ayuntamientos; es imprescindible, sea con congelación salarial o con ajustes a la baja de las plantillas”, advertía el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Laguna, José Luis Rivero, durante la presentación del interesante Panfleto contra la organización político-administrativa de Canarias, de los periodistas Jorge Bethencourt y Antonio Salazar.

Paulino Rivero ha indicado el camino y parece dispuesto a recorrerlo. Y para ello cuenta, además del apoyo de su partido, con sus socios del PSOE, con un consejero tan capaz como Francisco Hernández Spínola. Rivero anunció una reforma sustancial de la Ley de Sedes y, en lo posible, acabar con la duplicidad (desde edificios, hasta vehículos, desde despachos, hasta trabajadores ejerciendo la misma función en las dos capitales). “Lo importante es contar con una Administración eficaz, austera y que dé servicios a los ciudadanos”, lo que, es vidente, hoy no tenemos. No lo va a tener fácil el presidente y su Gobierno. El coste político puede ser importante, incluidas posibles movilizaciones de funcionarios. Enfrente se encuentra con una estructura enorme, voraz de los presupuestos públicos, incapaz de asumir la situación crítica actual. Precisamente por esto, la propuesta de Rivero de acabar con una función pública inasumible contará con un amplio respaldo popular. Será uno de los grandes retos para estos cuatro años, en los que, simultáneamente habrá que dar lo mejor en estrategia política y conocimiento para obtener el REF actualizado que necesitan estos tiempos para crear empleo.

[apunte] El futuro de Casimiro Curbelo

El presidente del Cabildo de La Gomera y senador socialista, Casimiro Curbelo, se la juega. Para preservar su buen nombre y prestigio político no debería escatimar esfuerzos en ofrecer todo tipo de explicaciones sobre los hechos sucedidos esta semana, aún confusos dependiendo de quién los relate. Debería comparecer tantas veces sea necesario en todos los ámbitos. No solo le va en ello su propia trayectoria política, la del incombustible líder con el que jamás ha podido ningún rival de ninguna fuerza (ni de la suya propia), uno de los dirigentes con mayor respaldo popular de todo el país. Debe entender que no se trata solo de su supervivencia. El PSOE y el PP se enfrentarán más pronto que tarde en unas elecciones históricas. Los socialistas, desgastados por la crisis y un Gobierno que ha defraudado las expectativas de hace ocho años, presentan un nuevo candidato respetado entre los suyos y temido por un PP exultante de triunfo, tras modificar en las autonómicas y municipales el mapa político español. En ese contexto, al PSOE le viene tan mal el caso Curbelo como al PP el caso Camps y la trama Gürtel. La coordinadora de campaña socialista, Elena Valenciano, ha twitteado que Curbelo “debe dimitir”. Seguro que a ella se suman más pesos pesados. Debe hablar mucho y explicar más. Y recordar que, ahora, disculparse puede no ser suficiente.[/apunte]