X
Por Norberto Chijeb >

Adelantado a su tiempo

   

No recuerdo exactamente cuándo le conocí, pero ya oí hablar de él cuando hacía mis pinitos en el baloncesto en la vieja cancha Anchieta, a mediados de los setenta. Era, salvando las distancias con Mourinho, el puto amo del baloncesto tinerfeño. Por aquella época trataba de convertir al viejo Club Baloncesto Canarias en la continuación de aquel Náutico que él hizo grande en la década de los sesenta y del que no salió muy airoso, tanto que siempre se le notaba cierto resentimiento cuando de los nautas o la marea se hablaba.

Y por supuesto que logró el objetivo, porque fue un encantador de serpientes que movió Roma con Santiago para que todos creyeran en aquel proyecto que se hizo fuerte en los ochenta, justo cuando él convenció a medio país para inventar la Liga ACB, hoy el objeto del deseo del baloncesto tinerfeño, que él siempre entendió como uno aunque pueda parecer lo contrario.

Se nos ha ido Pepe Cabrera y se nos marcha después de dedicar casi todos sus 75 años a un deporte que él hizo grande en la Isla y que hoy, a la sombra de sus restos, debería mirarse el ombligo y pensar en la necesidad de retomar los viejos apuntos del profesor para lograr esa convergencia, ese proyecto único tan necesario e imprescindible para llegar a la ACB que fundó Pepe, don Pepe.