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Adiós a la voz del periodismo en las Islas

   

Cientos de personas se dieron cita en Santa Lastenia para despedir a Mariano Vega. / FRAN PALLERO

S. T. | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Porque lo eterno no es siempre, como ya bien había escrito él en un poemario, el mundo de la cultura y el periodismo expresó ayer un adiós que sonaba más a hasta luego a una de las voces más inconfundibles de la radio y la televisión que se ha hecho en este Archipiélago: Mariano Vega Luque (Santa Cruz de Tenerife, 1941).

El tanatorio de Santa Lastenia de la capital tinerfeña acogió en la tarde de ayer el funeral por el periodista y escritor, fallecido el pasado domingo, en un acto en el que se dieron cita muchas personalidades del ámbito de las letras y los medios de comunicación, de la política y de la sociedad canaria, y muchos amigos, en definitiva, que quisieron compartir estos momentos tan difíciles junto a la familia de Mariano Vega Luque.

La sencillez

La ceremonia, emotiva pero muy sencilla, “igual que las cosas que a él más le gustaban”, incluyó las intervenciones de algunos de los que tuvieron la oportunidad de conocerle en su singular y brillante trayectoria por Radio Nacional de España y Televisión Española en Canarias, por Radio Juventud y Radio Club Tenerife, por Televisión Canaria, por el Ateneo de La Laguna o incluso como colaborador en este mismo diario. Y así, su hijo, su hermano Eugenio y otros muchos allegados, como Fernando Delgado, Alejandro Togores, Juan Cruz y José Antonio Pardellas, glosaron la figura del padre, del hermano, del amigo, y recitaron algunos de sus textos poéticos, sobre todo haikus, porque resumían muy bien esa triple querencia, por la belleza, por la sencillez y por la comunicación que se convierte en literatura.

La emotiva ceremonia estuvo presidida por la sencillez, marca de la casa del fallecido. / F. PALLERO

[apunte]El paisaje de Mariano Vega (Por Carmelo Rivero)

“Nos asusta del muerto su identificación
plena con el paisaje”.

(Mariano Vega)

Pienso en Mariano Vega en alguna de las maneras más invisibles de ser discreto en la vida. Él inventó la suya. Pasaba de puntillas, quedamente. Fue trasparentándose como el aire, cada vez más sabio en su nirvana, a medida que iba cobrando años y se sentía más seguro de sí mismo y libre. Mariano Vega-Luque dice mucho ahora, mucho más que antes, cuando se daba poca importancia.

Le concedí todo mi respeto y admiración en vida, hablábamos de la tal poesía como una amiga soltera que podía ser de muchos a la vez. Hablábamos de teatro, que le traía por la calle de la amargura ante la crisis de fondos para el último montaje. De poesía conversamos, digo, sobre todo. Recuerdo que me dijo en una cafetería que era un poeta de guardia esperándola, y en una sobremesa en La Palma, brindamos por ella con copa y todo. Mariano Vega, que acaba de morir este domingo como si cerrara la puerta sin hacer ruido, era complaciente y generoso; te regalaba elogios desmesurados. ¡Cuánto poder estimulante tienen ciertas palabras en ciertos amigos y momentos, incluso cuánto curan, como dice Alex Rovira!

Nos entrevistábamos mutuamente -esa impostura a que obliga responder sobre uno, habituado a hacer preguntas ajenas-, y él siempre lo hacía con una enorme condescendencia, desde su exquisita afición a las palabras y la radio. Una vez, en medio de una entrevista televisiva que grabó para Canal 7, preguntó por el artesonado de mis comentarios en Radio Club, tenía esa curiosidad sincera por conocer el andamiaje literario de los demás, revelando, de paso, su faceta de lector fino de radio. Al poeta precoz Félix Francisco Casanova le preguntó qué palabra le daba mala espina, y el también novelista autor de El don de Vorace le contestó desde la cama de su casa tras recibir el Pérez Armas, una: “Trascendental”. Odiaba ese vocablo que, sin embargo, le perseguiría póstumamente, cuando empezó a trascender con pisadas de Rimbaud.

Mariano Vega deja poemarios, ensayos, teatro, literatura bien escrita y bien publicada y premiada, y seguramente alguna otra obra inédita, que su inconsolable compañera y esposa Olga Bencomo dará a la luz. Ninguna palabra le va a asediar en su contra a Mariano Vega, que era amigo de todas las palabras, hasta de las malas palabras, como si las quisiera redefinir con una bonhomía que traspasaba el idioma sin alzar la voz. Mariano habría acabado con la crispación por decreto de las musas. Le espera una posteridad agradecida, estoy seguro, un destino propio en la historia de las letras. Sus cuadros poéticos colgados en las paredes del Círculo de Bellas Artes, líneas y versos en suspensión, lo definen con la síntesis que cultivaba en estrofas taoístas.

Acaso de Mariano Vega trascienda por su voz, como Frank Sinatra. Tenía un arpa en la garganta que se disputaban los documentalistas, hablaba con el instrumento de los elegidos para ganarse la vida como locutor, y él obedeció el dictado del destino ejerciendo en RNE y TVE hasta jubilarse. Pero también le aguarda el sitio que le corresponde en nuestro olimpo insular, como el poeta callado que no buscaba versos, le bastaba con hacerse el encontradizo, como me dijo aquella tarde en la barra del café. O como dramaturgo parco pero audaz, inmortalizado en Apaga la luz y enciende los sueños, que ofertó al Leal cuando reabrió las puertas tras una siesta interminable. O como cuentista (La vieja moneda de Coly), que no necesitó prodigarse. O quién sabe si como novelista introspectivo de la isla, en su Pie de lluvia. Queda por compilar los artículos en la edición de papel de este diario.

Yo lamento quedarme más solo sin Mariano, qué quieren que les diga, egoístamente; aun siendo esporádicos los encuentros que tuvimos, era mi interlocutor favorito, casi exclusivo, en el tema que nos unía confidencialmente, la vagarosa poesía que nos acompaña desde que nacemos hasta la muerte, para seguir su vuelo sin nosotros, de rama en rama, de árbol en árbol y de sol a sol, dispuesta a alcanzar el horizonte, como miran los mares. Ese paisaje.[/apunte]

[apunte]¡Coño, Mariano… (Por José Antonio Pardellas)

Pero si quedamos de vernos en mi casa, cuando viniese a la isla Fernando Delgado, para comer unos tollos cocinados por Loly, que tanto recordabas con deleite desde la primera vez que los probaste!

En La Palma, no hace tanto, con motivo del centenario del nacimiento de Guillermo Sautier Casaseca, en una mesa redonda convocada por el Cabildo palmero, al lado de Julio Yanes, Julio Marante, en donde comentamos la obra del autor de Ama Rosa, rebosabas alegría con tu socarronería de siempre y me hablaste de tu próxima obra teatral para estrenar en el Teatro Leal y de otros proyectos que me ampliaste en una larga entrevista realizada en Radio Isla.

Y, junto a tu hijo, me dijiste, en el Auditorio Adán Martín, que tu pibe tenía como libro de cabecera ¡ Oh, la Radio! en donde, en un capítulo destacado, se puede leer que tu has sido la mejor voz de la Radio en las islas. Voz, tan sobria y serena, tan profunda y rica en matices, que te llevaban a leer los más extensos y complicados textos -que tu mejorabas con tu pausada interpretación – y la puesta en la escena de las ondas de los versos y poemas más sonoros. Materia, por cierto, el de la poesía,  que dominabas a la perfección como lo demuestran los numerosas composiciones que nos dejas escritas. Voz y textos, Proverbios, La vieja moneda de Coly… de tus primeros tiempos que yo ví y viví en aquellos momentos radiofónicos que convivimos a la sombra de Radio Nacional de España.

Pero antes, mucho antes, en los “Escenarios Radiofónicos” de Radio Juventud, coincidimos al lado de Manuel Escalera, Matilde Guadalupe, Marina Agulló, Ignacio García Talavera, Paco Padrón, César Fernández Trujillo…¡Ahí es nada el plantel! ¡Cómo interpretábamos lo más granado del teatro universal aquellas noches de los miércoles que nos vió nacer a la profesión de toda nuestra vida!

Y muchos años más atrás, en el decenio de los años cincuenta, en las aulas de las Escuelas Pías al lado de tantos compañeros que aún hoy nos reunimos en nuestra tradicional comida de Navidad, a los que ambos solemos asistimos.

Mira, me acabo de hacer un homenaje en tu memoria y ahora mismo te acabo de escuchar, gracias a los magníficos cd’s realizados por Diego García Soto, en el personaje principal de El Guerrero del Antifaz. ¿ Recuerdas aquella fabulosa serie El Sonido del Cómic, de RNE, escrita por José H Chela e interpretada por Maite Acarreta, Paco Padrón, Tomás Correa, Manuel Martínez Pardo…?.

Joder, ¿ es verdad que ahora estáis juntos…?. No me cabe duda que haciendo radio de la buena. Dejadme un sitio, que algún día nos veremos.[/apunte]

[apunte]La voz amable (Por Juan Carlos Mateu)

Mariano Vega era de esas personas que conoces y de inmediato te cautivan por su amabilidad extrema, su humildad ejemplar y su enorme profesionalidad. Si es verdad que la riqueza real del ser humano se mide en términos de influencia positiva en los demás, él tenía para dar y regalar. Colaboró con CanariasRadio La Autonómica en la presentación de Nuestra América, un ambicioso proyecto que pusimos en marcha en la primera temporada de la radio pública. Su voz, perfecta en el timbre y sobradamente autorizada en la materia, sirvió de puente para conocer cientos de historias relacionadas con la emigración isleña a América. Él asumió el reto y no dudó en colocarse delante de un micrófono que, cada día, en la sobremesa, cruzaba las dos orillas atlánticas en un permanente viaje de ida y vuelta. Para nosotros fue un lujo contar con él.

Descubrió un sinfín de historias relacionadas con la huella canaria en Venezuela, Uruguay, Argentina, Cuba, Brasil y Estados Unidos. Y fue capaz de sacar lo mejor de quienes desde el mundo de la cultura tenían mucho que decir de un sitio y de otro. Así, fueron desfilando por su micrófono los Elfidio Alonso, Pedro Guerra, Benito Cabrera, Juan Manuel García Ramos, Jorge Valdano, Teodoro Ríos, Caco Senante, Carmelo Rivero y los presidentes de los centros canarios en el exterior. Al término de la temporada, el espacio fue galardonado por el Cabildo de Tenerife con el Premio de Comunicación Ansina que, en el apartado de periodismo, lleva el nombre de otro grande de las letras canarias, Gilberto Alemán, también recientemente fallecido.

Radio Juventud de Canarias, Radio Nacional de España y Televisión Española fueron testigos de su impronta profesional y humana. Sus obras escritas, especialmente en el campo de la poesía, representan una aportación de indudable valor a las letras de las Islas, como lo fue también su corta pero intensa actividad creativa en el teatro.

Hoy recuerdo más que nunca su despedida en el último programa. Lo hizo casi pasando de puntillas, con su serenidad y sencillez habitual, sin recrearse en adioses rimbombantes, y con ese tono de voz sosegado y sobrio tan suyo: “Nuestro agradecimiento en una despedida en la que queremos expresar la ilusión y la esperanza de volver a encontrarnos, de no perder en esta sintonía ese necesario contacto con los canarios de la otra orilla atlántica. Saludos muy cordiales”. Hasta siempre compañero.[/apunte]

[apunte]Están tristes los micrófonos (Por Salvador García Llanos)

Con permiso de Sinatra, pero para nosotros, los del medio, Mariano era la Voz. Ninguna como la suya, tan peculiar, tan seria y sugerente a la vez.

“Enrique Martín Braun y Mariano Vega presentan: 707 Musical, el vuelo directo de los éxitos”. Esa era la introducción de aquel inolvidable espacio de Radio Nacional de España, cuando era Centro Emisor del Atlántico y los jóvenes que asomábamos a las novedades y a las tendencias musicales en la segunda mitad de la década de los sesenta teníamos en aquel espacio -¿te acuerdas, Carlos Martínez?- una obligada fuente de información y entretenimiento.

Muchos años después, quién lo iba a decir, coincidiríamos en esa emisora, él ya con una trayectoria contrastada en espacios informativos y en actividades culturales. Discreto, observador y austero, tanto en sus formas existenciales como ante el micrófono que se plegaba a su timbre vocal. Entonces, la admiración de años pretéritos se convirtió en reconocimiento profesional.

Mucho mayor cuando tuvimos oportunidad de relacionarnos con amigos comunes, por ejemplo, con Edmundo Essedín del Ródano, el polifacético argentino afincado en el Puerto de la Cruz, capaz de memorizar fragmentos de Martín Fierro y de interpretar a su manera capítulos del Ulises de Joyce, mientras se recreaba con un asado o unas empanadillas criollas. Ahí descubrimos al Mariano que escuchaba, al Mariano atento que ponía atención para luego opinar, siempre con rigor y con conocimiento de causa.

Hasta en el frío lagunero tuvimos varias oportunidades de palpar su sensibilidad, la del poeta y la del actor teatral que llevaba dentro, la del intelectual que jamás alardeó; al contrario, su caudal fluía sin que se notara: la modestia y la discreción de los grandes. Cuando accedió a la presidencia de una entidad tan apreciada como el Ateneo, sabíamos de su actitud de compromiso, de querer hacer cosas, de contribuir al desarrollo del pluralismo cultural.

Calló la Voz singular de Mariano, los micrófonos ya son huérfanos de su timbre, de sus modulaciones y de sus recurrentes inflexiones. Están tristes los micrófonos. Una voz, por cierto, igual de válida para una cuña elemental que para la locución de una producción audiovisual que terminaba gustando o calando, precisamente, al identificarla, por su tono o por su énfasis. Cuando tengamos ocasión de volverla a escuchar, será inevitable emocionarse.

Un compañero de la vieja escuela, si se nos permite la expresión. Un compañero lleno de valores, que dignificó el oficio y lo engrandeció. Deja huella: lo siente Olga, lo dicen todos quienes le conocieron y trataron.[/apunte]