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CRÍTICA > POR LOURDES BONNET

Albéniz y su música vocal

   

El pasado día 21 tuvimos la fortuna de asistir, dentro del ciclo De musica hispana, a un recital con la Integral de las composiciones para voz y piano de Isaac Albéniz ofrecido por Carlos Javier Méndez y acompañado al piano por Carlos Javier Domínguez. Ya la coherencia del programa era en sí misma un aliciente, no sólo por lo infrecuente del repertorio, sino por lo interesante del mismo.

Sorprendieron las distintas canciones de Albéniz, por otra parte no excesivamente conocidas, sobre todo al estar interpretadas con tanta delicadeza y precisión como hizo Carlos Javier Méndez. La amplia variedad de matices de las 30 canciones interpretadas en sus respectivos idiomas originales -inglés, francés, italiano y español-, fueron puestas en relieve gracias a una voz cálida y versátil que embelesó al numeroso público de la Sala de Cámara del Auditorio. El conjunto de estas canciones resulta totalmente variopinto, ya que Albéniz adopta estilos tan diferentes como idiomas contenía el programa; si en las Seis Baladas se entremezclaban una lírica más italianizante, las francesas destacaron más por sus armonías y su carácter intimista o la inglesa Art thoy gone for ever, Elaine?, compuesta como una suerte de declamación expresiva.

Desde el punto de vista vocal y estilístico el concierto fue una auténtica delicia, ya que Méndez no sólo dijo -interpretó- con caracteres diferenciados el amplio programa, sino que su cuidada dicción y transmisión del contenido de las obras mostraban un arduo trabajo de interiorización y comprensión de esta música. Pero quizás lo que sorprende más de Méndez es su capacidad de decir, ya que en ningún momento se limita a “leer” la partitura, por muy bella que sea la lectura, sino que relata, transmite el contenido expresivo de la simbiosis texto-música con total honestidad y credibilidad.

Todo ello no hubiera sido posible sin la participación de Domínguez al piano, quien con gran limpieza y con la misma versatilidad que el tenor, desarrolló una importante labor para llevar la nave a buen puerto pese a las complejas intervenciones del piano acompañante. La compenetración entre ambos músicos da fe del intenso trabajo realizado, y es que no es frecuente oír un recital con tanta cohesión e interpretado de manera tan personal y que transmita tanto como este espléndido dúo.