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Alfonso González Jerez >

Arabesque

   

Desde luego, podría escribir sobre periódicos que incitan a un golpe de Estado o acerca de nuevos directores generales que son viejos conocidos que siempre vuelven, porque hay caspas inmunes a cualquier champú, o de nuevos directores generales tristemente asombrosos, como Gustavo Matos, que maldita necesidad tiene que sumergirse en una contradicción tan deplorable. Pero quizás no sea en la política o en el periodismo (o lo que intentan presentarnos como política o periodismo) donde es más diagnosticable este lisérgico combinado entre estupidez y mentira que amenaza con convertirlo todo en un universo belenesteban. Siento ser tan reincidentemente gomero como cualquiera en estos días de llovizna, en estas noches de golagola, pero en el instituto de bachillerato de San Sebastián de La Gomera se está desarrollando una campaña, “Sensibilización del cuerpo”, que es presentada como un “proyecto pionero en Canarias”, y que tiene como objetivo central que los alumnos “aprendan a utilizar sus cuerpos como herramienta pedagógica” (sic). La campaña está a cargo de los bailarines profesionales (sic) del Centro Coreográfico de La Gomera (sic), dirigido por el señor Martín Padrón. Es fascinante que La Gomera se pueda permitir, con apenas 20.000 habitantes, un Centro Coreográfico integrado por bailarines profesionales, y con su director y todo que, como buen coreógrafo que se precie, estudió en París hasta que su vida se cruzó venturosamente con la de Casimiro Curbelo en algún lugar indeterminado entre Pigalle y Arure.

“Se trabaja en el aula con el libro de texto y los alumnos utilizan sus propios cuerpos para entender el contenido”, explica el maestro Padrón, desgraciadamente, sin proporcionar detalles técnicos. Serían muy interesantes. Me gustaría ver cómo debe engüruñarse el alumno para entender más y mejor un tratado de química. ¿Y el movimiento de caderas imprescindible para practicar las raíces cuadradas? No puedo imaginarme las flexiones y estiramientos exigibles para leer comprensivamente el último libraco de Peter Sloterdijk. Lo mejor, pese a todo, son las reflexiones de Padrón sobre la conciencia ética que cabe entre un arabesque y un foutté. La relajación, desde luego, es fundamental. “La relajación puede ser una puerta a un estado de calma en el que pueda surgir la reflexión, la escucha a uno mismo y la escucha al otro”, establece el coreógrafo, y uno piensa que si junior hubiera asistido a este maravilloso curso, los periódicos, en la última semana, se hubieran quedado sin la mitad de titulares