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Azote de cien piratas y víctima de la barranquera

   
Castillo Torre San Andrés

Ruinas del Castillo o Torre de San Andrés a principios del siglo XX Foto: cedida por la Fundación para la Etnografía y el Desarrollo de la Artesanía de Canarias (FEDAC) / AUTOR: ANÓNIMO

AGUSTÍN M. GONZÁLEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Cerca de la playa de Las Teresitas, en Santa Cruz, en la confluencia de los barrancos de El Cercado y Las Huertas, se conservan aisladas en una rotonda las ruinas del Castillo o Torre de San Andrés, un monumento en sí mismo por la historia que guardan sus muros maltrechos.

Cuentan los cronistas que en el ataque de Nelson a Santa Cruz, en 1797, jugó un papel decisivo el Castillo de San Andrés. El teniente José Feo de Armas tenía aquí bajo su mando 44 artilleros, quienes dirigieron el fuego certero contra una lombarda inglesa, que había tirado diez bombas. También acertó a dar a los barcos Emerald y Theseus, destrozándoles arboladura y aparejo. La lombarda Rayo lanzó sobre el valle de San Andrés sus bombas, pero la contestación de la Torre hizo que el barco casi zozobrase. Aparte de su participación en la gesta, lo más importante que se consiguió con la construcción de este Castillo fue que erradicó el calificativo de “puerto de piratas” que tenía el Valle de Salazar.

Desde mediados del siglo XVII se consideró necesario defender la playa de San Andrés para proteger a los barcos que se refugiaban en sus aguas huyendo de los piratas y para alejar a los buques enemigos y hacerlos perder su barlovento, tan necesario para acercarse y batir los fuertes de Paso Alto y San Miguel. La primera cita sobre este baluarte es de 1697, cuando el capitán general Conde de Eril propuso levantar una torre en el valle, y quedó pendiente al no haber dinero suficiente. El conde del Valle de Salazar se ofreció a mantenerla a su costa, pero por motivos de otras guerras no se llevó a cabo su construcción. Los historiadores consideran que la torre fue levantada sobre 1706 por el ingeniero Miguel Tiburcio Rossel, de orden del capitán general Agustín de Robles.

En sus más de 300 años de historia el pequeño fortín repelió a cuantos piratas y enemigos atacaron Santa Cruz, pero, sin embargo, fue víctima fácil de las avenidas de los dos barrancos en cuya confluencia había sido emplazado. Arrasada y reconstruida dos veces, en 1878 la torre quedó arruinada por un nuevo aluvión, por lo que se ordenó su definitivo desartillado. El 28 de octubre de 1898 sufrió otra gran avenida del barranco, que lo dejó en el estado actual. En 1924 se declaró oficialmente inadecuado para las necesidades del Ejército y en 1926 fue entregado al Ayuntamiento de Santa Cruz.