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Barranco Hondo, entre campo y ciudad

   

Barranco Hondo es un barrio de Candelaria que se encuentra entre la autopista TF-1 y el monte de La Esperanza. / SERGIO MÉNDEZ

NORBERTO CHIJEB | CANDELARIA

Situado entre barrancos entre Igueste de Candelaria y El Varadero y Machado, en el municipio de El Rosario, ya hay noticias desde la Conquista castellana de este enclave en el municipio de Candelaria, por ser uno de los pasos entre la entonces capital de la Isla, La Laguna y el santuario de la Virgen de Candelaria. De hecho, el camino comprendido entre Machado y Barranco Hondo, es el único tramo que se encuentra casi intacto, con sus muros de delimitación y empedrado natural, con un ancho medio aproximado de unos tres metros) por donde seguía por el llamado camino a Pasacola, para bajar por Igueste de Candelaria hacia la Villa. Hoy, Pasacola, es una de las calles más importantes de este barrio candelariero que cinco siglos después se ha convertido más en una zona residencial que en un pueblo de agricultores y ganaderos, su principal motor económico hasta mediados del siglo pasado, cuando muchos de sus moradores abandonaron ese sector para trabajar en las grandes empresas instaladas en la capital, como Telefónica, la refinería de Cepsa o el puerto, lo que a decir del que fuera alcalde de Candelaria, y vecino del pueblo, ha situado a Barranco Hondo como uno de los pueblos con más renta per cápita de Tenerife.

De las casas con sus huertas, algunas de las cuáles persisten aún en el casco viejo, y que en su tiempo también guardaban las bestias y el ganado, hemos pasado en las dos últimas décadas al desarrollo urbanístico en la zona baja del barrio, sobre todo con la urbanización en torno al barranco Rubén Marichal. Una zona residencial que ha hecho crecer el censo poblacional un treinta y cinco por ciento en diez años, alcanzando hoy los tres mil habitantes, muchos de ellos procedentes de la zona capital-Laguna, que contrata con aquellos nativos de Barranco Hondo que abandonaron el campo por un trabajo, y en muchos casos una casa, en Santa Cruz.

Barranco Hondo, sin embargo, mantiene su esencia viva en lo que se denomina el casco, que se desarrolla en torno a la calle La Plaza y a la Iglesia de San José, esta de 150 años de historia, enclavada en el que se denomina Camino de la Virgen o Camino Real.

Dispone el barrio de un centro de salud, al que los vecinos quieren que se le añada horario vespertino, de un local para zona joven hasta que se termine el centro cultural que se construye en la misma plaza de San José, de unas buenas instalaciones para fútbol, tanto 11 como 7 y actualmente se construyen dos polideportivos en la zona baja, la de mayor expansión que los de Barranco Hondo arriba denominan “pringados”, no por otra cosa que por hacerle caso al nombre de la calle que une el casco con la zona baja que concluye en la gran rotonda que le comunica con la autopista TF-1.

Barranco Hondo celebra al año tres grandes fiestas, en marzo el día de San José (19) patrón de su iglesia mayor, luego la del Cristo de la Buena Muerte, recién celebradas en la segunda semana de julio y las que llaman ‘fiestas chicas’ en segunda semana de octubre, coincidiendo con la festividad de la Virgen de los Remedios.

Antonio Acacio Hernández gobernó Candelaria durante tres años al principio de los noventa. / S.MÉNDEZ

“La gente es capaz de escacharte por un sillón y un sueldo”

Antonio Acacio Hernández fue alcalde de Candelaria hace veinte años (1991-1994), pero se siente desencantado de la política, pese a que se inició en ella en 1983 con el entonces partido de Joaquín Garrigues Walker, antes de integrarse en Coalición Canaria. Desencanto que le viene por los muchos vaivenes que ha vivido en su etapa en el consistorio municipal, sobre todo por las ‘puñaladas’ de sus propios compañeros, como recuerda cuando un compañero de partido se fue del grupo de Gobierno porque le ofrecieron la Alcaldía en 1994, aunque él siguió como concejal hasta el año 2001, “cuando Paulino Rivero le regaló la Alcaldía al PSOE”, remarca. Un año en que Rodolfo Afonso no quiso hacer caso de un pacto suscrito con el Partido Popular en Araya y prefirió que gobernara el hoy alcalde Gumersindo García, “ahí, Coalición Canaria cavó su fosa en Candelaria”.

Tal es el desapego que hoy tiene Antonio Hernández de la política, que no le duelen prendas en decir que “hay que tener un estómago impresionante para ser político. El noventa por ciento entra en política para buscar su propio beneficio, no va a trabajar por su pueblo”, afirma con rotundidad, quien ha vivido esa sensación “durante cinco legislaturas”, porque “la gente es capaz de escacharte por conseguir un sillón y un sueldo, en muchos casos gente que no tiene trabajo ni profesión”.

El que fuera alcalde de Candelaria considera que “el polìtico tiene que estar bien pagado, pero sin sueldos desorbitantes, lo suficiente como para evitar tentaciones, como las que me han hecho a mí. La gente está acostumbrada a que el político se venda por un plato de lentejas, por eso es necesario tener una gran formación y no tantos asesores como se tienen hoy en día”. Recuerda Antonio Hernández que en el año 2000, cuando el Ayuntamiento debía cuatrocientos millones de pesetas, escribió a papel con un presupuesto para recortar impuestos y “eso me costó enemistarme con mi partido”.

Pese a que hoy Candelaria está gobernada por el PSOE, no le duelen prendas a la hora de admitir que “se han hecho cosas en Barranco Hondo, aunque no soy la persona adecuada para hablar”. “Gobernar un Ayuntamiento -afirma- y contentar a todos los barrios es muy difícil y más ahora con la crisis que estamos viviendo, pero sí puedo decir que en diez años se han mejorado cosas, que el barrio no se ha estancado. Para hacer más cosas se necesita aumentar los impuestos y eso a la gente no le gusta”.

González es un exalcalde desencantado de la política, pero no de Barranco Hondo, donde vive en la calle que lleva su nombre, junto a vecinos que consideran que “aquí se goza de un nivel de vida que para sí ya quisieran no sólo muchos pueblos de Canarias sino de España”.