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Por Aurelio González >

Burocratizar la universidad

   

El debate actual sobre el contenido del estatuto del docente universitario se ha convertido en un foco de tensión y desencuentros dentro de los campus de nuestros centros de educación superior. Mientras el secretario general de Universidades, Màrius Rubirata, considera el discutido estatuto parte fundamental de la estrategia para modernizar el sistema universitario español, un nutrido grupo de académicos (Fernando Savater, Rafael Algullol y Francisco Rico, entre otros) considera que supondrá una “burocracia insoportable” para la Universidad y no aceptan bajo ningún concepto que la gestión académica constituya una forma de escalar en la carrera universitaria.

Esta oposición se debe, fundamentalmente, a que el borrador del estatuto en discusión recoge la función de dirección y gestión académica como una de las tareas del profesor universitario (y por tanto evaluable a la hora de ascender en la carrera docente) junto a la innovación y a las tradicionales funciones docente e investigadora. Por contra, la Conferencia de Rectores (CRUE) asegura que los rectores van a velar para que las funciones docente e investigadora sigan siendo los ejes para escalar en la carrera docente.

Los académicos opositores al nuevo estatuto añaden, además, que la valoración de los méritos de gestión puede suponer “una excusa o un refugio para que puedan escalar quienes no quieren asumir su verdadera responsabilidad como profesores universitarios, es decir, investigar y dar clase”. También consideran que la aprobación de este estatuto daría un excesivo peso a los representantes sindicales en cuestiones estrictamente académicas como los criterios generales de la asignación de tareas a los profesores o de la progresión profesional.

Resulta evidente que en toda Universidad debe haber unos profesores que enseñen, investiguen e innoven, pero también otros que se dediquen a tareas de dirección y coordinación de esas mismas tareas (además de a las administrativas y de servicios) como el propio rector, los vicerrectores, los decanos, los vicedecanos, los jefes de departamento, etcétera. Se trataría entonces de evitar que el desempeño de esas funciones determine o condicione el normal desarrollo de las demás.

En las Universidades (también en las privadas) las funciones docentes, investigadoras e innovadoras deben seguir siendo prioritarias. Sencillamente porque ellas constituyen la razón de su existencia. La gestión académica y de administración y servicios constituye una actividad complementaria aunque imprescindible para la vida universitaria. Incluso los legítimos derechos laborales y sindicales del personal (tanto docente como no docente) deben ejercer se y defenderse siempre sin menoscabo alguno del interés general que es la formación de los alumnos.

Por consiguiente, tienen razón los oponentes al borrador de nuevo estatuto docente universitario (en realidad creo que es el primero que se propone y debate) si el mismo va a añadir carga burocrática al profesorado universitario cuya labor en la mayor medida posible debe limitarse (y no es poco) a enseñar a sus alumnos lo que sabe, investiga e innova, a despertar interés por su asignatura y, en general, curiosidad por el conocimiento. Y también (y este es uno de los buenos propósitos del Plan Bolonia) a enseñar a los alumnos a investigar y a reflexionar sobre lo aprendido.

La función docente no puede estar condicionada por circunstancias que nada o muy poco tiene que ver con el acto didáctico e investigador. Por ello hay que tener cuidado a la hora de delimitar o hacer compatibles las funciones que se realizan dentro del aula con aquellas que se desarrollan fuera de las mismas. La tendencia a burocratizar la actividad docente es conocida desde hace tiempo en nuestros centros educativos pre universitarios. No hay más que echar un vistazo a las directrices de funcionamiento de los mismos que publica la Administración todos los comienzos de curso académico.

No creo que el Ministerio de Educación pueda aprobar en lo que resta de legislatura ese estatuto universitario docente objeto de polémica. Pero sea ahora o más tarde, cualquier intento de modernizar el sistema universitario español (con su correspondiente sistema de financiación) debe garantizar un escrupuloso respeto e independencia a la función del profesor frente a sus alumnos en relación con otros cometidos para-académicos. Un profesor universitario no debe convertirse nunca en un burócrata, sino dedicarse fundamentalmente a investigar, innovar y enseñar.