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Por Miguel González Santos >

Cambio de conciencia

   

Alguno de ustedes, tal vez, se habrá sorprendido ante las declaraciones vertidas por el Premio Nobel de Medicina Richard J. Robert. Su afirmación de que la industria farmacéutica no tiene interés en sanar enfermos es, cuando menos, chocante. Esta declaración, obviamente, parece avalada por la formación académica y el prestigio profesional de su autor. Y lo que es más tremendo, según él, es que muchos fármacos que usamos están diseñados, no para curar, sino para mantener enfermos crónicos. Es decir, para garantizar consumidores fidelizados que aseguren los pingües beneficios de las poderosísimas multinacionales del sector.

Cabría preguntarse e inferir si estas mismas todopoderosas compañías son, acaso, las que tienen atrapados, sumisos y dependientes a millones de jóvenes de todo el mundo, consumidores de otras sustancias o drogas aún más letales. En Canarias, el número de adictos a estupefacientes causa escalofrío a simple vista. Esa es la principal razón por la que un amigo, al que he visitado este fin de semana en la ciudad de Bangalore, ha convencido a su hijo y a su nieto, ambos canarios, para que se vengan a vivir con él a India. Y tengo que considerar, seriamente, lo que me ha contado mi amigo, a quien creo un hombre fiable. Pertenece al cuerpo diplomático, pero, más aún, a la “liga de la honestidad y del honor”. Nació en Casablanca y vive a caballo entre su ciudad natal, Madrid, Bangalore y París, donde se educó y pasó su juventud; es un ciudadano del mundo. Hijo de judía e hindú, ahora ha decidido instalarse, por temporadas más largas, en la tierra de sus antepasados paternos. Aquí en India, y en Marruecos, me ha confesado: “… he podido encontrar, todavía sana, a la mayoría de la juventud”. Me comentó mi amigo, con nostalgia, que los mejores años de su vida los ha vivido en Canarias…, “cuando las Islas eran un paraíso” -me dijo-. “Es el lugar del mundo con la gente más amable y pacífica que he conocido”, añadió. Hasta que tuvo que marcharse del Archipiélago, precisamente por culpa de la droga. Sí, mi amigo fue víctima de la extorsión de un político de entonces, que le persiguió sin piedad, al no haber querido colaborar con él en el tráfico de drogas. “Ese personaje nefasto, sigue hoy en la política y, además, es un gran capo”, sentenció mi amigo. ¿Quiénes son los que protegen a estos individuos? ¿Quiénes los convierten en impunes enemigos de la sociedad? ¿Quiénes dan las órdenes para que las fuerzas de seguridad hagan la vista gorda? Es muy posible que esos mandamases en la sombra sean los mismos que quieren impedir a toda costa un cambio de conciencia y de modelo social. Los mismos que, también aquí, en India, persiguen, difaman e injurian la noble causa del gurú Ramdev contra la corrupción, o la educativa y social de Sathya Sai Baba, recientemente fallecido. Ambos líderes son una amenaza para el sistema. Porque sus enseñanzas son practicadas y seguidas en todo el planeta, por millones de jóvenes despiertos y concienciados. Los otros, los del lado obscuro, son los mismos que se alían con los prebostes de los “poderes oficiales”. No. Esto sucede no sólo en el cine. En las películas de ficción. Pasa en la vida real. Son los mismos que “administran, fraudulentamente, la herencia legítima” de los más genuinos legados espirituales de la humanidad. Con esas palabras lo denunció el sacerdote, escritor y teólogo José María Díez-Alegría ante su propia jerarquía católica. Lo dijo, valientemente. Como Jesucristo. Y hasta su muerte. Como también los indignados: Stéphane Hessel, Eduardo Galeano, José Luis Sampedro, Dominique Baettig y tantos otros, nos están alertando ahora. In extremis. Estos otros, que ya son legión, están desenmascarando a los verdaderos gobiernos paralelos. A los que mandan de verdad. A los gobiernos en la sombra, que ya son conscientes de su sentencia de muerte. La que ha dictado una sociedad hasta ahora dormida, pero que ha empezado a despertar. Los libre pensadores son, sin duda, la más seria amenaza de los que mueven los hilos en este teatro de guiñol.

*Remitido desde India
miguel_g_santos@yahoo.com