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PAPAS & CHIPS > POR ELBA NAVARRO PEÑATE

Carretera y manta

   

A Dios pongo por testigo que nunca volveré a decir que La Aldea de San Nicolás está dónde el diablo dio el último grito”. Mi padre es aficionado a conducir, le encanta. Cuando mis dos hermanas y yo éramos pequeñas se levantaba inspirado uno o dos domingos al mes y decía “Vamos a dar la vueltita a la Isla”. Uff nos mirábamos, ya sabíamos lo que nos esperaba. Aquellos viajes se hacían eternos, divertidos, pero muy largos. De hecho, recuerdo que en una ocasión le pregunté a mi madre si Agaete pertenecía a la provincia de Las Palmas o a la de Santa Cruz de Tenerife, qué bonita es la inocencia… hoy creo que aquello era un paseo exprés. ¿Qué por qué? Muy sencillo, Miami-Nueva Orleans en coche. Catorce horas conduciendo sin parar para otra cosa que no sea repostar. Papi, menos mal que naciste en una Isla que si no… Partimos desde Miami con el coche revisado, la nevera preparada a lo “mañana dominguera en playa canaria” eso sí, cambiando el chorizo de teror por unas dobles cheeseburguer y el clipper de fresa por diet coke (muy a mi pesar, por cierto). Ilusionada a vivir mi aventura a lo Thelma y Louise por las carreteras americanas. Las primeras tres horas reconozco que no estuvieron mal, sitios nuevos, paisajes sorprendentes, lagos espectaculares, buena música…lástima que tuviera que hacer la primera parada para repostar y lo que me encontrara de frente fuera un cartel con una quincena de serpientes venenosas que habitan por estos lares… Y lo peor no fue eso, sino el policía que se me acercó, supongo que al ver mi cara de pánico, y me dice, “Si te muerden, puedes morir” ¡Hombre! Muchas gracias, ¿eh? Me voy más tranquilita. El resto del viaje como se pueden imaginar me lo pasé mirando para todos lados no sea que me fuera a encontrar a semejantes bichos y of course no paré en ninguna área de descanso porque seguro que éstas, de morder a la gente, tendrán ganas de darse un respirito y ¿a dónde van a ir? Pues a la rest area que aquí son todos muy organizados, así que yo seguí conduciendo.

Reconozco que si no fuera por el dolor de riñones, los tirones en las piernas y esta sensación de rigidez en las muñecas de las manos…lo repetiría, eso sí, que viniera mi padre a conducir, que yo llevo dos días sin levantarme de la cama. ¿Nueva Orleans? Supongo que es preciosa en cuanto recupere la movilidad y pueda verla, les cuento. Moraleja, avión amigos, avión.