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Por Tomás Cano >

Carta de un Caballero del Aire

   

El último día del lejano año de 1963, hace ahora 40 años, volando en Tassa, habíamos acabado los vuelos a las ocho de la tarde y nos fuimos la tripulación, el copiloto, la azafata y yo, el Capy, a casa para vestirnos de gala para ir a una fiesta a la que estábamos invitados para despedir el año.

Cuando llegamos los tres al Club de Tenis del Hotel Santa Catalina, donde se celebraba la fiesta, estaba una furgoneta esperándonos para avisarnos que un avión de Spantax se había averiado y estaba un pasaje, que había venido a pasar el día de excursión a Las Palmas, tirado en Gando en espera de que alguna compañía lo llevase a Los Rodeos para regresar a sus hoteles a celebrar la Fiesta de Fin de Año.

Nos fuimos al aeropuerto, tal como estábamos vestidos, de traje largo de noche la azafata y de smoking nosotros dos. En aquel entonces a Gando se iba por Telde y El Goro, total media hora de coche. Cuando salimos de Las Palmas avisaron que estábamos en camino y que tuvieran el avión embarcado para no perder tiempo y salir a toda prisa para Tenerife.

Así fue, llegamos al aeropuerto, directos en la furgoneta al avión donde nos esperaban los turistas sentados tranquilos en sus asientos y cuando ven entrar a la tripulación vestidos de gala empiezan todos a aplaudir.

Despegamos para Los Rodeos, tomamos tierra, aplausos, desembarque, arranque y a toda velocidad despegamos de vuelta a Las Palmas.

En mi vida había corrido tanto en un avión, los remaches del DC3 casi saltaban del fuselaje, “aquella noche inventamos el Mach”.

Como era de esperar, llegamos en hora para tomarnos las uvas con las Campanadas del Fin de Año.

Un fuerte abrazo del Viejo Aviador Jubilado.