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Chirche revive su historia

   

En la casa de Lolita Casañas se personó la Guardia Civil de la época. / N. D.

NICOLÁS DORTA | GUIA DE ISORA

En los pupitres de la casa de los Mesa se volvieron a sentar los niños para aprender a leer y escribir. En 1931 era la única escuela que había en Chirche. Estaba en una de la habitaciones de este caserío que siempre tenía las puertas abiertas y donde había ganado, vino, comida y teléfono; suficientes razones para que fuese una referencia en el pueblo.

La casa de los Mesa, ahora en silencio, ausente durante el año, volvía a abrir sus puertas el domingo en la XI edición del Día de las Tradiciones, una de las actividades culturales más interesantes de la comarca organizada por los vecinos de Chirche y en colaboración con el Ayuntamiento de Guía de Isora. Este pequeño pueblo al pie del barranco revivió la cotidianeidad de sus antepasados. Ya es una cita que cada año atrae a los turistas amantes de la vida rural.

En su undécima edición, el Día de las Tradiciones se volvió a llenar de gente que recorría curiosa los patios, las calles y las casas donde se palpaba la vida sencilla y austera en tiempos más difíciles que los de ahora. Una pequeña guía, a modo de callejero, orientaba acerca de las casas y las diversas escenificaciones que a lo largo de la mañana se repetían.

La venta del pueblo, en la calle principal, al lado de la plaza, volvió a llenarse de vida, a despachar sus víveres, con los empleados vestidos de la época. Por la calle pasaba un hombre con el trillo a cuestas para moler el trigo. En una ventana asomaba la curandera, caracterizada por la vecina de Chirche, Fátima Delgado, que santiguaba a los tenían el estómago revuelto.

El olor a café salía de la casa de Lolita Casañas, frente a la plaza. En su patio interior tocaba una parranda hasta que llegó la Guardia Civil con aquellos tricornios de la época.

En casa Juana se podía aprender a ordeñar una cabra, algo que esta señora lleva haciendo “toda la vida” y cuya leche consume “a diario” junto a su familia.

En casa Juana “también hubo una época donde estaba el teléfono”, dice esta señora. En las paredes cuelgan reproducciones de arado, un trillo, y los helechos que refrescan.

Al principio del pueblo, en la casa de Tía Francisca, que ha sido restaurada, los visitantes pudieron degustar la miel de las colmenas de la zona o comprar unas truchas de hojaldre. Todas aquella actividades volvieron a cobrar vida en este Día de las Tradiciones. El tueste de trigo, la costura, la cestería, calados o el gofio molido.

En el patio de la Casa de los Mesa pela papas una señora. Frente está la cocina. Allí la banda comía el día de la fiesta, como los músicos de las orquestas que tocaban sin luz eléctrica porque en Chirche no había llegado. A poca gente se le negaba la comida aunque solo fuera pan y queso. En fondo está el retrete, al lado de la cuadra y donde se guardaban la cabras.

A las dos de la tarde fue acabando el Día de las Tradiciones. La fiesta se concentró en la plaza con un baile “de los de antes”.

Las puertas de las casas se fueron cerrando y allí quedaron sus recuerdos: la casa de Frasca, Cho Jesús, Torres, Guillermina, Los Chorros, el cuarto de la dote, los lavaderos, la exposición de harina, queso y miel. También se cerró el viejo lagar hasta el año que viene. Se hacía un excelente vino blanco, con las parras de Los Llanitos y alrededores. Ya no huele a uva.

El año que viene, el pequeño pueblo de Chirche, sus vecinos, volverán a reproducir el tiempo de antaño, cuando se vivía con frío en invierno y calor en verano, con menos cosas, y se tiraba hacia delante porque no quedaba otro remedio.