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Por Arturo Trujillo >

Confluencia nacionalista

   

Es muy cierto que la política, por regla general, suele ser bastante complicada. Y en Canarias mucho más. Es algo que se puede comprobar casi a diario. Por ejemplo, hace apenas unos días, el expresidente del Gobierno regional y actual líder de Nueva Canarias (NC), Román Rodríguez, después de haberse pasado cuatro años defendiendo sus ya archiconocidas fobias áticas e intentando convencernos de que la Agrupación Tinerfeña de Independientes (ATI) es el diablo, porque manda en Coalición Canaria (CC), y que esa ha sido la única causa por la que ha evitado cualquier tipo de acercamiento con los coalicioneros, viene ahora a querer aplicar el dicho que más les gusta utilizar a los políticos, “donde dije digo, digo Diego”. Tan intransigente antaño, hogaño tan condescendiente. Pero no pasa nada. Están convencidos de que los ciudadanos somos tontos, o que nos entrenamos para ello y que vamos a seguir dándoles nuestros votos para que sigan haciendo con ellos lo que les venga en gana. Y para escenificar ese cambio, los romanistas utilizaron la abstención en la votación para la investidura del presidente Rivero, posiblemente a la espera de que éste les pueda compensar con alguna canonjía y no los abandone, junto al PP, en los fríos bancos de la oposición. Pero resulta que no va a ser posible, porque en el Gobierno de Canarias, a estas alturas de la película, ya no hay puestos ni para contentar a sus coligados del CCN y PNC.

De repente, Román Rodríguez ha dejado de hablar de ATI. Y lo ha hecho de tal forma que ahora nos quiere vender que esa pata tinerfeña del nacionalismo ya no existe dentro de la coalición. Con este planteamiento, parece como si el líder de NC quisiese poner a prueba nuestra ingenuidad. Quiere convencernos de que Paulino Rivero, Miguel Zerolo, Ricardo Melchior, Ana Oramas y tantos otros, han abjurado de su ideología originaria, la del insularismo, porque a le interesa que así lo parezca. O tal vez, de repente también, le han entrado unas ganas tremendas de buscar la confluencia nacionalista a la que, hasta ahora, le había negado el pan y la sal. Una confluencia nacionalista que suele saltar a la palestra cada cuatro años, por las elecciones, hasta convertirse en un tópico. Y sigue teniendo los mismos problemas y las mismas dificultades para su cristalización. Pero no por falta de interés, que sin duda lo hay en casi todas las formaciones que pudiesen acudir a esa confluencia, sino porque tendrán que cicatrizarse viejas heridas y salvar posturas personales, algunas algo intransigentes, para poder iniciar unas negociaciones exitosas. También puede ser posible que Román Rodríguez intente forzar un matrimonio de conveniencias con CC, con el fin de acudir junto a ellos, solamente a las próximas elecciones generales, consciente de que la convivencia en un corral con tanto gallo -Rivero, Castro, García Ramos, González, Martín…- será muy difícil de llevar. Sabe que la aportación de su formación política a una lista única para las elecciones generales, es importante. Como también sabe que NC podría beneficiarle en cuanto al número de integrantes y al orden de los mismos en dicha lista. De todas las maneras, confieso que desconozco el busilis que hay tras este entramado, aunque terminaremos descubriéndolo.

Lo cierto es que la confluencia nacionalista que, repito, cada vez que se aproximan unas elecciones se convierte en el principal objeto de deseo de casi todos, no termina de cristalizar. Se ha convertido en la asignatura pendiente del nacionalismo. En mi modesta opinión, que además ya la he expresado en otras ocasiones, esa confluencia tendría que desembocar en una reunificación del nacionalismo, solo entorno al Partido Nacionalista Canario (PNC), la formación nacionalista de las islas con más historia. Porque CC, es un modelo agotado -no lo digo yo, lo han dicho algunos de sus dirigentes en diferentes foros-, con el que no es posible conformar esa reunificación en su entorno. Pero el nuevo proyecto nacionalista, tampoco podría cimentarse en torno a Nueva Canarias (NC), porque su concepción, al igual que la del Partido Independiente de Lanzarote (PIL), es insularista. Solo serían las patas del nacionalismo canario en dos de las siete islas, en Gran Canaria y Lanzarote. Como lo es ATI en Tenerife, API en La Palma y AM en Fuerteventura. Y es que la implantación de estos partidos en el resto de las islas, es absolutamente inexistente.

De todas las maneras, el que NC quiera dejar abierta la puerta de las negociaciones, me parece un paso importante hacia esa pretendida confluencia electoral. A partir de este momento, la posibilidad de llegar a ella pasa, ineludiblemente, porque las fuerzas participantes mantengan un gran sosiego y mucha paciencia, pero sobre todo, no dar como insalvables las posibles diferencias que pudiesen existir, o que hayan existido, entre ellas. Como dije anteriormente, para poder negociar, primero tendrán que cicatrizar las viejas heridas y alejarse de determinadas posiciones personales intransigentes. Dejar a un lado los enfrentamientos personales del pasado que, como las meigas, haberlos, hailos, y pensar algo más en la necesidad de esa unidad. Pero no solamente como una necesidad electoral, que sin duda lo es, sino como una obligación para la necesaria clarificación del espacio ideológico nacionalista. Por último está el Centro Canario Nacionalista (CCN), como formación política fundadora de CC, que debe jugar un papel importante dentro de las futuras negociaciones. Su gran mosqueo con CC, les obligó hace unos años a tomar la drástica decisión de abandonarla. Pero eso tendrá que pasar a la historia. Ese tipo de heridas son las que tendrán que cerrar de alguna manera para poder emprender el camino de retorno a la unidad. Algo que, conociendo a los actores, creo que va a tener muchas complicaciones.